Cuando el 3 de enero de 2026, en rueda de prensa, Trump encargó de los destinos de Venezuela a Delcy Rodríguez, nadie en su sano juicio pensó en tal posibilidad existiera, ya que era impensable que quienes destruyeron al país fueran capaces de reconstruirlo, pero Donald es Donald… Dijo también que María Corina no gozaba del respeto del pueblo venezolano, ni tampoco contaba con su poyo. Mentía como le gusta a él hacerlo, sobre todo cuando contradice verdades incuestionables: mientras más grande la mentira más complacido se siente de sostenerla sin ningún rubor. De esta manera, el inquilino de la Casa Blanca sentenció a la indiscutible líder de Venezuela. Ella, mujer al fin, lo que la dota de una capacidad de convencimiento singular, y en virtud de su gran inteligencia racional, acostumbrada, por lo demás, al combate político, no se dejó amilanar y sabedora de la debilidad del personaje, dada su egolatría, no dudó en ofrendarle el Premio Nobel al ávido de adulancia. Trump la recibió, se tomó la foto con la placa así como con la medalla y se sitió ridículamente merecedor de tal distinción, cuando todos sabemos que para ello no tiene mérito alguno. El asunto es que la jugada estratégica de ella no funcionó, porque Trump, vulnerable a la lisonja, prioriza sus intereses y los de EE.UU, en ese orden, y en tal sentido antepone el manejo discrecional de la riqueza venezolana a cualquier otra cosa. Ella, muy hábilmente esperó, siguió declarando como si las cosas fueran a cambiar en favor de nuestro país, pero al convencerse de las verdaderas intenciones de Trump, decidió endurecer su postura, sin enfrentarse al poder del protectorado. Así fue como decidió, muy certeramente, no asistir al discurso a la nación y no respondió la invitación de Rick Scott, ni de ningún otro político norteamericano. Trump, sin poder lucir la joya de la corona en la noche de su discurso, invitó a Enrique Márquez, pero este ni por asomo pudo llenar el vacío dejado por María Corina.
Así las cosas, nuestra líder anunció varias veces que regresaba al país a luchar por la democracia; tal decisión motivó que el mandatario estadounidense la invitara nuevamente a la Casa Blanca. Conversaron, él la elogió públicamente, pero en privado le propuso que no regresara tan pronto ya que había arreglos por hacer. Esta estrategia del trumpismo se vio reforzada por una invitación de Marco Rubio, quién si la recibió y trató con deferencia, prometiéndole actuar efectivamente más adelante. Ella esperó paciente e inteligentemente, pero en el interin Trump se deshizo en elogios hacia Delcy Rodríguez y arbitró medidas concretas que apuntalaron al régimen chavista en el poder: la reconoció como presidente, le quitó las sanciones que pesaban sobre ella, le entregó Citgo, no la presionó para que liberara a la mitad de los presos políticos, que a más de tres meses de haberse llevado a Maduro, aún permanecen cautivos en condiciones inhumanas y sin que hubiese ninguna justificación legal para su cautiverio; el dólar, en tanto, rompía records, la inflación se elevaba a niveles históricos, la gente no tenía un ingreso que le permitiera vivir dignamente sino precariamente, la libertad de prensa seguía conculcada, los venezolanos nos sentíamos y nos sentimos oprimidos por el régimen chavista, las elecciones se anunciaban difusamente para el año que viene. Todo este cuadro tan infausto para Venezuela no hace sino confirmar que a Trump solo le interesa ponerle la mano al petróleo y a las otras riquezas mineras de nuestro país, y que la democracia así como el padecimiento de los venezolanos, no le importan absolutamente nada.
Cabe aclarar que el interés de los congresistas republicanos de la Florida por Venezuela, que a mi modo de ver es genuino, dado su proverbial anticomunismo, en este momento tiene una connotación especial ya que un buen trato a Venezuela, piensan los legisladores, podría matizar la furia del voto latino que se sintió profundamente traicionado con las brutales medidas de deportación, maltrato, humillación y desprecio, con que el aparato de inmigración creado personalmente por Trump (el tristemente célebre ICE) les causó en forma inmisericorde, a pesar de que el gran caudal del voto latino fue factor decisivo en la elección del republicano. El asunto es que el inquilino está abajo en las encuestas y todas las elecciones habidas en 2026 las han ganado los demócratas. Esto lo ha llevado a decir que las deportaciones fueron demasiado lejos y a instar a los congresistas a que trabajen duro en sus campañas para las elecciones de medio término de noviembre, en las cuales es muy probable que los republicanos pierdan su mayoría precaria en ambas cámaras y dejen a Trump a merced de un “impeachment”, por cierto, con votos republicanos incluidos, cosa que espera con gozo Delcy, ya que esa circunstancia bajaría la intensidad del interés y del control norteamericano sobre Venezuela, y le permitiría a la regente consolidarse en el poder.
Así que María Corina, vente pronto, no creas en más cuentos, cada quién tiene sus intereses, pero tú eres la albacea de los sueños de los venezolanos. No te vamos a dejar sola. Marcharemos junto a ti por la libertad, y si es preciso luchar lo haremos. ¡Nadie sino nosotros va a rescatar la democracia en Venezuela!
