
La reacción a la reciente muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, exlíder del Cartel de Jalisco Nueva Generación, pasó por alto un hecho significativo: su esposa, Rosalinda González Valencia, ha estado en el negocio del narcotráfico más tiempo que él y, tras su muerte, probablemente seguirá siendo una figura clave en el panorama criminal de México.
Por Insight Crime
En este Día Internacional de la Mujer, las mujeres continúan siendo una parte fundamental de los grupos criminales organizados en América Latina y han ocupado puestos de alto rango en el negocio de las drogas desde que comenzó el tráfico entre América Latina y Estados Unidos en las décadas de 1940 y 1950, un tema abordado más ampliamente en mi libro Narcas: El ascenso al poder de las jefas secretas del crimen organizado.
González Valencia quizá no herede el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) que lideró El Mencho, pero probablemente seguirá siendo una pieza central de su estructura financiera, ya que su familia está profundamente involucrada en su creación y funcionamiento.
En mayo de 2018, fue arrestada por primera vez en Jalisco por cargos de lavado de dinero, y liberada tres meses después debido a la falta de pruebas. En noviembre de 2021, fue capturada nuevamente, sentenciada a cinco años de prisión por delitos financieros y liberada a principios de 2025 por buena conducta.
Su caso ejemplifica cuán matizado es el rol de las mujeres en el crimen organizado de América Latina. La contribución de las mujeres a menudo se reduce a dos binarios: asesinas letales o víctimas del crimen organizado. La realidad, sin embargo, es mucho más diversa y compleja.
La evidencia sugiere que las mujeres están presentes en todos los rangos de los grupos y mercados del crimen organizado, y tienen una presencia mucho más cotidiana en las actividades criminales de lo que los estereotipos de género nos hacen creer. Su presencia no es una novedad. Más bien, forman parte permanente de las redes en torno a las cuales se expande el crimen organizado en América Latina.
Según investigaciones de la Oficina en Washington para América Latina (The Washington Office on Latin America, WOLA), el número de mujeres tras las rejas por delitos relacionados con las drogas en la región ha aumentado drásticamente en las últimas dos décadas. Y el crimen relacionado con el negocio de las drogas es el principal motor de la encarcelación femenina en la mayoría de los países de la región. Para muchas mujeres, el narcotráfico es una oportunidad arriesgada que están dispuestas a tomar.
Todo queda en familia
En el caso de González Valencia, su familia ya estaba establecida en el negocio criminal. Su tío, Armando Valencia Cornelio, alias “El Maradona”, fundó el ahora extinto Cartel del Milenio, del cual surgió el CJNG que su esposo creó y dirigió. Muchos miembros del Cartel del Milenio se unieron al CJNG y a El Mencho.
Los hermanos de Rosalinda también fundaron Los Cuinis, que supuestamente fueron responsables de gran parte de las finanzas del CJNG y de las operaciones de lavado de dinero.
Erika González Valencia, posiblemente una hermana de Rosalinda, también estaría involucrada en la estructura de Los Cuinis y fue sancionada por el Departamento del Tesoro de EE. UU. en 2019. En un desglose estructural de sus filas, se destacan también otras nueve mujeres.
Jessica Oseguera González, alias “La Negra”, hija de González Valencia y El Mencho, fue arrestada en febrero de 2020 y cumplió condena en Estados Unidos por administrar negocios relacionados con el imperio narcotraficante de su padre.
La forma en que documentamos y combatimos el crimen organizado está influenciada por la composición de género en las agencias de seguridad, así como por los supuestos sobre el comportamiento y las características masculinas y femeninas que todos compartimos.
Como comunidad global, nos resulta más cómodo creer que las mujeres son cooptadas y victimizadas por el crimen organizado en lugar de ser protagonistas. La narrativa predomina sobre la realidad, pero la mayoría de las personas en el crimen organizado —tanto hombres como mujeres— viven en ecosistemas complejos. A menudo se ven decepcionados por un sistema social y político que impacta sobre sus decisiones de vida. Muchas mujeres que se adentran en el negocio de las drogas provienen de comunidades marginadas y, a menudo, han sido víctimas de violencia doméstica e intrafamiliar. Los hombres también se ven impactados por las expectativas de género.
Pero asumir que las mujeres no tienen capacidad de acción es ignorar las habilidades que han demostrado, durante años, en la economía legal. El submundo criminal no es diferente, y las mujeres trabajan en todo el espectro: como lavadoras de dinero, asesinas, transportistas, intermediarias y genias de la logística.
A continuación, presentamos algunas mujeres que han sido fundamentales en las redes de crimen organizado de la región.
María del Rosario Navarro Sánchez
Sánchez fue una de las primeras mexicanas en ser acusadas de proporcionar apoyo material a una organización terrorista extranjera designada: el CJNG, en abril de 2025. Los fiscales alegan que trabajó para el grupo traficando migrantes, armas, y dinero en efectivo y drogas. Su acusación llegó meses después de que se anunciaran las primeras designaciones terroristas por parte de la administración del presidente de EE. UU., Donald Trump.
Digna Valle
Valle fue la matriarca del Clan Valle Valle en Honduras. Una de los 13 hermanos de una familia originaria de El Espíritu, en la frontera compartida con Guatemala. Su clan transportaba cocaína a través de la frontera rumbo a México y era un enlace clave para el Cartel de Sinaloa. Su familia habría alojado a Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo,” cuando era un fugitivo, y Digna fue la primera de su familia en ser arrestada durante un viaje a Miami en 2014. Posteriormente, ayudó a capturar a sus hermanos, así como a su hijo, que eran parte de la estructura de los Valle Valle. Fue liberada en 2018 y se le otorgó el derecho a permanecer en Estados Unidos bajo la Convención contra la Tortura, aunque InSight Crime fue informado por diversas fuentes que habría regresado a su hogar en Honduras.
Guadalupe Fernández Valencia
Conocida como “La patrona”, es la mujer de mayor rango en el Cartel de Sinaloa hasta la fecha. Fue la mano derecha de Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias “Alfredillo”, uno de los dos hijos de El Chapo que controla la facción de los Chapitos del Cartel de Sinaloa y sigue prófugo en México. Fernández Valencia fue una importante lavadora de dinero y operadora logística, y fue arrestada en Culiacán en febrero de 2016, un mes después de que El Chapo fuera detenido por última vez. Se declaró culpable en un tribunal de Chicago y, después de estar ocho años detenida, quedó en libertad en octubre de 2023.
Antonella Marchant
Marchant encabezó una de las organizaciones de tráfico de drogas más temidas en Santiago de Chile, fundada por su padre. Fue arrestada en 2021, por segunda vez, y encarcelada, momento en el que comenzó a hacer videoblogs sobre su vida y su relación con otra prominente criminal, Sabrina Durán. Ambas mujeres se conocieron en prisión y formaron una enorme cantidad de seguidores en línea hasta que Durán fue asesinada tras su liberación en 2023. Su funeral fue considerado un riesgo para la seguridad pública por el gobierno chileno.
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