
En Chacalluta hace cuatro años que no llueve «en serio», dicen los lugareños. El aire es seco y el paisaje se ve tan árido como las perspectivas de que José Antonio Kast, que asume este miércoles la presidencia de Chile, pueda cumplir la promesa de que los inmigrantes irregulares dejarán el país.
Por: El Mundo
Chacalluta marca en el extremo norte el final de Chile, uno de los países más largos y angostos del mundo. Del otro lado está Perú, y Bolivia dista sólo 200 kilómetros, aunque el viaje hasta esa frontera insume varias horas.
«Aquí no se está yendo nadie», asegura a EL MUNDO David Doll, director de La Estrella de Arica, el principal periódico de la ciudad portuaria en el norte de Chile. «Hace unos años veías legiones de venezolanos caminando por las carreteras, en medio de la nada, pero eso ya no sucede».
No sucede por una combinación de decisiones tomadas en Washington, Caracas y Lima, pero también por el instinto de preservación de los venezolanos, y en menor medida colombianos, en Chile. Ya antes de ganar las elecciones, el líder de la derecha dura chilena les había lanzado una propuesta: «Los invito a irse».
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