
«Piensa mal y acertarás». Este refrán español pareciera haber sido creado para referirse a todo lo que la narcodictadura promueve, inventa y dice. Se han ganado a pulso esta falta de credibilidad y total desconfianza durante muchos años. ¿Por qué íbamos a pensar que esta tan demandada por los venezolanos de bien, necesaria para hacer justicia, Ley de Amnistía, es ahora supuestamente una iniciativa de estos degenerados? La verdad qué desfachatez intentar que parezca como un gesto de generosidad de estos nefastos herederos del traidor mayor, hoy felizmente difunto, justamente cuando la nueva «alta jerarquía chavista» está súper presionada por el gobierno norteamericano a raíz de los hechos sobrevenidos desde el 3 de enero pasado. De lo que si estamos seguros es de que no van a dejar de hacer show y meter sus artimañas durante la discusión y aprobación para no perder la costumbre de sus acostumbradas maniobras políticas.
Recientemente he recibido cientos de llamadas solicitando mi opinión sobre la pintoresca Ley de Amnistía que pretenden aprobar los representantes de lo que queda, y créanme, queda muy poco, de la narcodictadura venezolana. Sí, esa misma narcodictadura que con admirable dedicación ha perfeccionado el arte de convertir un país próspero en un museo de horrores.
Obviamente no se puede esperar mucho en realidad, no se puede esperar nada de quienes han destruido sistemáticamente todo un país y han secuestrado cada una de las instituciones que ahora obedecen sus órdenes como marionetas bien entrenadas. Estos mismos personajes cuyos cuerpos de seguridad han asesinado o ejecutado a más de 10,000 personas bajo sus propias órdenes, según el demoledor informe de la ONU. Miles de presos políticos languideciendos en mazmorras, otros tantos con causas abiertas o procesados bajo la consigna del silencio perpetuo.
¡Ah, pero qué generosos son! Ahora resulta que quieren otorgar amnistía. La ironía es tan deliciosa que casi se puede saborear.
A todo aquel que disiente de la narcodictadura le inventan expedientes con delitos tan creativos como inverosímiles: terrorismo, traición a la patria, asesinatos y pare usted de contar. Es como un menú de restaurante pero en lugar de platos, ofrecen acusaciones fabricadas al gusto del cliente, perdón, de la víctima.
Jorge Rodríguez ese portavoz de la elocuencia autoritaria, informó en una rueda de prensa el pasado miércoles, con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de la penicilina, que todo aquel que celebró, apoyó o simplemente respiró con alivio la extracción del extranjero Nicolás Maduro, queda automáticamente excluido de la Ley de Amnistía.
O sea, estimados lectores, que aproximadamente el 90% de los venezolanos quedaríamos excluidos de tan “generosa” gracia. Y permítanme confesarles algo: estaría profundamente orgulloso de que esos crueles criminales me excluyeran de semejante farsa legislativa. Me sentiría honrado de no necesitar el perdón de quienes deberían estar pidiendo perdón de rodillas ante todo un pueblo.
Porque estoy absolutamente convencido y lo he venido escribiendo durante 13 años con la terquedad de quien conoce la historia,que estos personajes saldrán del poder exactamente como lo he predicho: con drones, misiles y pólvora. O mejor dicho, tal como salió Maduro: empacado, etiquetado y exportado.
Desde mi punto de vista ya están completamente desnudos. Y no es un espectáculo agradable, se los aseguro.
Se cansaron de jactarse, de pavonearse ante las cámaras proclamando que tenían radares y defensas antiaéreas ultramodernas. Rusos, chinos, iraníes, todo el catálogo del armamento internacional estaba supuestamente a su disposición. A los gringos, según sus bravuconadas, los harían “ver un infierno”. Los legendarios aviones Sukhoi, esas maravillas de la ingeniería soviética que tanto presumían, resultaron ser más decorativos que funcionales: ni siquiera encendieron sus motores. Ni un rugido. Ni una chispa. Nada. Los 4.5 millones de milicianos que juraban defender la patria con sangre y fuego sufrieron un conveniente y simultáneo ataque de amnesia colectiva. No apareció ni uno. Ni uno solo. Desaparecieron más rápido que la gasolina subsidiada. Esos guerreros de opereta que tanto ardor patriótico demostraban en los desfiles resultaron tener compromisos urgentes ese día. Quizás una cita con el dentista. O simplemente sentido común.
Y los famosos 5,000 misiles Igla-S que supuestamente iban a incendiar los cielos y convertir cualquier agresión en un apocalipsis. Bueno, parece que se quedaron guardados en algún almacén, probablemente cubiertos de polvo y telarañas, esperando una guerra que nunca quisieron pelear. Ah, pero el espectáculo más memorable lo protagonizó el guapo de El Furrial, Diosdado Cabello, ese coloso de la arrogancia y la prepotencia, ese monumento viviente a la fanfarronería tropical. Juraba y rejuraba con su habitual delicadeza diplomática, la misma que tiene un toro en una cristalería, que si los gringos se atrevían a entrar, no saldrían vivos. Que si Venezuela sufría una agresión, no dejarían sacar ni un solo barril de petróleo de este suelo sagrado.
¿Y qué pasó? Exactamente lo contrario. Como siempre. Como era de esperarse.
Los valientes resultaron ser bravucones de cartón. Los invencibles se revelaron como simples mortales con micrófono. Las amenazas se desvanecieron como humo en el viento. Después de todo lo antes expuesto, permítanme responder a todos mis amigos, compañeros, hermanos y paisanos. Antes del 3 de enero no creíamos en nada. Se estaba perdiendo la esperanza, ese bien tan escaso en estos tiempos. Pero en apenas un mes, Maduro y Cilia están siendo procesados internacionalmente. Ellos, que se presentaban como imbatibles, como dueños eternos de Venezuela, como los faraones del siglo XXI.
Desde la cárcel del exilio podemos afirmar con toda firmeza a todos los venezolanos que vamos a regresar, con o sin Ley de Amnistía. Vamos a recuperar nuestras instituciones y por ende, nuestra democracia. Ya en todos los estados del país se han activado los partidos políticos y la sociedad civil. El gigante dormido despertó y tiene hambre de libertad. Extraoficialmente tenemos información que dentro de unos meses se van realizar las elecciones presidenciales y a la Asamblea Nacional. Será el primer paso para desmontar y liberar el secuestro de todas las instituciones y seguir adelante.
Esta “Ley de Amnistía” no es más que otro capítulo patético en el circo de la narcodictadura. Un intento desesperado de controlar lo incontrolable, de perdonar lo imperdonable, de blanquear lo que nunca será blanco. Pero ya es tarde. Demasiado tarde. El pueblo venezolano ya no necesita su amnistía. Lo que necesitamos es justicia. Y esa, tarde o temprano, siempre llega.
Cada día que pasa tenemos más fuerzas para afrontar la tan esperada y merecida recuperación de nuestras libertades, nuestro amado país. Meter el pecho a recomponer lo que aún tseavrecuperable o iniciar nuevos proyectos sin bajar la guardia de los agazapados qué tratan de ganar tiempo.
Acción y progreso, ¡ todos por Venezuela !
Jose Gregorio Briceño Torrealba
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