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La Paz que incomoda: el caso María Corina Machado y el silencio de los pacifistas, por Alfonzo Bolívar

 

La historia suele poner a prueba las palabras grandes. Una de ellas es paz.

Durante décadas, Europa se ha sentido dueña moral de ese concepto. Ha creado instituciones, comités, marchas y símbolos para celebrarla. Sin embargo, la reciente decisión del Consejo de la Paz Noruego de suspender la tradicional marcha de antorchas en honor a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, deja al descubierto una profunda contradicción: el miedo de ciertos sectores a reconocer la paz cuando esta se presenta con el rostro del coraje.

María Corina no empuña un fusil. Empuña una verdad: la de un pueblo sometido a un régimen que destruyó su economía, su dignidad y su democracia.

Su lucha ha sido pacífica, pero firme; civil, pero valiente; democrática, pero inquebrantable. En cualquier manual honesto de ética política, eso debería bastar para ser celebrada.

Sin embargo, para una parte del progresismo europeo, su nombre resulta incómodo, porque desmonta el relato que convierte a la izquierda autoritaria latinoamericana en símbolo romántico de resistencia.

El Consejo de la Paz Noruego, integrado por organizaciones que se autodefinen como pacifistas, decidió no rendirle tributo a quien ha arriesgado su vida por la libertad de su país. Alegan que sus “métodos no se alinean con los principios del diálogo y la no violencia”.

¿De qué diálogo hablan cuando el interlocutor encarcela, tortura y persigue?

¿De qué paz hablan cuando esa paz se confunde con la indiferencia?

En el fondo, no se trata de Machado, sino del espejo que ella representa: el reflejo de un continente que ha perdido la capacidad de llamar dictadura a una dictadura.

Mientras tanto, una organización verdaderamente comprometida con los derechos humanos, la Norwegian Venezuelan Justice Alliance, ha decidido asumir la organización de la marcha. Ese gesto, pequeño en apariencia, tiene un enorme significado moral: la sociedad civil libre reemplaza al activismo ideologizado. Noruega no quedará huérfana de antorchas; solo cambiarán de manos.

María Corina Machado simboliza algo más grande que un premio. Representa la posibilidad de que la paz no sea la resignación ante la tiranía, sino la fuerza serena que desafía al miedo.

Su liderazgo recuerda que la paz no se decreta desde una oficina en Oslo; se construye en las calles de Caracas, entre el dolor y la esperanza de millones de ciudadanos que aún creen que votar, hablar y soñar son actos revolucionarios.

El Consejo de la Paz podrá guardar sus antorchas, pero millones de venezolanos encendieron las suyas hace mucho tiempo.

Y mientras haya una sola luz encendida en nombre de la libertad, la verdadera paz seguirá marchando, con o sin permiso de los comités.

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