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La otra batalla de las mujeres que esperan a sus seres queridos frente a la Zona 7

El anochecer en el comando de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) conocido como Zona 7, en Boleíta, Caracas, cae con un silencio tenso, pesado en el aire, sobre un grupo de mujeres que allí pernocta. Las carpas permanecen alineadas mientras  ellas buscan señales que aún no llegan. Las mujeres miran hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo: luchan por la libertad de un familiar, pero también enfrentan sus propios miedos, culpas y el coraje que las sostiene en la espera.

En esta batalla silenciosa, algunas sienten remordimiento por estar lejos de sus hijos y otras mantienen mentiras piadosas para no herirlos. La tensión se percibe en cada pausa, en la manera de respirar, en la forma de sostener la esperanza frente a la injusticia. 

Quienes permanecen pernoctando en la Zona 7 —mujeres que llegaron desde el 8 de febrero y que pasan día y noche en las carpas frente a la entrada del comando, mientras aguardan noticias de sus familiares detenidos considerados presos políticos— consideran que libran una doble contienda: reclamar justicia mientras desafían una sociedad que espera de ellas silencio, obediencia y una maternidad vivida puertas adentro. 

“Quiero decirle que arreglaron el avión”

Hasta la noche del 7 de marzo, Evelis Cano esperaba en la Zona 7 con un hilo de esperanza que se estiraba día a día. Mantenía la rutina, revisaba llamadas y mensajes, y observaba a otras madres que, como ella, sostenían la ilusión mientras aguardaban noticias de sus familiares detenidos. Durante semanas, cada jornada se mezcló con la incertidumbre de no saber cuándo su hijo volvería a casa.

La otra batalla de las mujeres que esperan a sus seres queridos frente a la Zona 7
Foto: David Ocanto/El Diario

Jack Tantak Cano, de 31 años de edad, fue detenido el 27 de noviembre de 2025 en Charallave, Miranda, por funcionarios de la PNB. Evelis asegura que la detención fue arbitraria: su hijo fue procesado por vender una camioneta a un dirigente opositor. Permaneció recluido en la Zona 7, imputado por terrorismo y traición a la patria, hasta el 7 de marzo de 2026, cuando fue excarcelado junto a otros detenidos. Para Evelis, cada día lejos de él había sido un recordatorio de la demora de la justicia y del peso de proteger la ilusión de su nieto, de 7 años de edad.

La espera tuvo su propio ritmo. Evelis aprendió a medir sus emociones, a contener los gritos y a calmar la ansiedad que surgía ante rumores o noticias que podían cambiarlo todo. Sabía que ceder a la desesperanza significaría quebrar la fantasía de su nieto. La fuerza estaba en decisiones silenciosas, en palabras que no se pronunciaban y en la mentira que preservaba a quienes ama.

A veces, Evelis se sorprendía imaginando el momento en que las mentiras dejarían de ser necesarias. Visualizaba el reencuentro, el abrazo de su hijo, la sonrisa de su nieto al escuchar que “el avión ya lo arreglaron”.

“Lucho constantemente con la culpa”

La otra batalla de las mujeres que esperan a sus seres queridos frente a la Zona 7
Foto: David Ocanto/El Diario

La batalla de Yaxzodara Lozada es por su esposo, Joel Bravo, quien dice, fue detenido injustamente en el año 2025, pero también contra la sensación de fallar como madre. Sabe que su hija de 12 años de edad y su bebé de un año de nacido la esperan en casa, por lo que estar lejos de ellos, afirma, se siente como un abandono que la consume desde adentro. 

Cuando necesita un respiro, se sienta con los auriculares puestos y escucha música. Pausar la canción le da un momento de calma, pero no borra la presión que lleva consigo: la urgencia de ver a su esposo libre y la culpa de no estar junto a sus hijos. 

La espera la enfrenta a emociones que no puede compartir con nadie, así que todos los días son un acto de resistencia silenciosa. 

Hay días en los que siento que los estoy traicionando. Mi hija me extraña y mi bebé no entiende por qué no estoy, y yo me castigo por estar aquí sin ellos. Pero también sé que si me rindo, ellos perderán mi ejemplo de lucha, y no puedo dejarlos sin eso”, confiesa Yaxzodara, con la voz firme a pesar de la emoción contenida. 

Durante el día, Yaxzodara revisa los mensajes de sus hijos y se asegura de que lleguen noticias de su esposo a familiares que se encuentran fuera del país. Anota cada novedad que hay en las noticias y conversa con otras mujeres para entender los pasos legales. 

Son gestos prácticos, pequeños, pero que considera que le dan sensación de control sobre algo en medio de la incertidumbre. 

“Voy a escribir que sí pude con todo”

La otra batalla de las mujeres que esperan a sus seres queridos frente a la Zona 7
Foto: David Ocanto/El Diario

Narwin Gil encara cada día con disciplina, dejando un registro de lo que siente para no perderse en la espera. Su familiar, José Gregorio Farfán, permanece detenido en la Zona 7, y ella decidió que no permitiría que la rabia ni el resentimiento definieran su vida.

Cada jornada exige atención sobre sus emociones y pensamientos. Narwin transforma la frustración en serenidad y sostiene su propia manera de resistir, cuidándose a sí misma mientras apoya a otras madres y familiares que atraviesan la misma incertidumbre.

Aunque los días son largos y agotadores, ha aprendido a reconocer la tensión y ofrecer contención a quienes la rodean, convirtiendo ese cuidado en un acto de autocuidado.

“Tuve que aprender a no odiar, a no permitir que el miedo me devorara. Hoy siento que puedo sostener mi fortaleza con amor y esperanza, y eso me mantiene viva para ver a mi familiar salir de aquí”, confiesa Narwin en una entrevista concedida a El Diario antes de que se produjera la excarcelación de su familiar.

La escritura se volvió indispensable. Narwin plasmó la frase “Tú puedes con todo” en la primera página de su Biblia. La línea condensa semanas de miedo, ansiedad y fuerza concentrada en un gesto que le ayuda a darle forma a la espera. Más abajo deja espacio para otra frase que aún no escribe, pensada para cuando todas las madres puedan abrazar a sus seres queridos: “Sí pude con todo”.

Para Narwin, su resistencia no es solo personal, es también un testimonio de la fuerza de las mujeres que enfrentan injusticias y adversidades todos los días, aun cuando nadie las observa. Así, reconoce que las mujeres no solo sostienen a sus familias, sino que construyen espacios de esperanza en medio de la opresión.

“Aprendí que resistir no significa hacer ruido, sino seguir aquí, con ellos en la cabeza y la esperanza en la mano, y que eso también cuenta como lucha”, concluye Narwin.

Con las carpas alineadas bajo el cielo y el silencio que pesa sobre quienes aguardaban, el campamento frente a la Zona 7 fue ocupado principalmente por mujeres que llegaron desde el 8 de febrero. Durante semanas permanecieron allí, manteniendo la vigilia, la esperanza y la determinación mientras exigían la libertad de sus familiares detenidos.

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