
Entre las muchas obsesiones de Donald Trump figura la de las apariencias. La suya propia —como demuestra al cambiar de gorra según el mensaje que quiere transmitir— y las de los demás, como reafirmó al reprochar a Volodímir Zelenski que vistiera uniforme militar en lugar de un traje de etiqueta.
Por Jara Atienza | El Español
Su interés por la estética, sin embargo, parece rozar lo surrealista. Al parecer, el presidente estadounidense está regalando a su círculo cercano, asesores y miembros de su Gobierno un tipo muy concreto de zapatos. Hasta tal punto que la mayoría de los hombres que pisan a diario la moqueta de la Casa Blanca lo hacen con unos Oxford de cuero negro de la marca estadounidense Florsheim.
Algunos, sin embargo, los calzan varias tallas más grandes. Y es que Trump juega a adivinar qué número de pie usan, encarga los zapatos a un asistente y, una semana después, llega la caja marrón de Florsheim. Luego, durante las reuniones con su gabinete pregunta si han recibido o no el obsequio.
El Wall Street Journal revelaba esta rutina del mandatario, que al parecer comenzó el año pasado, cuando Trump, de 79 años, empezó a buscar vestimenta cómoda para sus largas jornadas de trabajo. Se enamoró de los Florsheim, que cuestan 145 dólares —una suma relativamente modesta para alguien conocido por sus carísimos trajes Brioni y sus largas corbatas rojas— y comenzó a encargarlos también para otras personas.
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