El Banco Central de Venezuela (BCV) aumentó la frecuencia de intervención cambiaria desde enero, al inyectar divisas en las mesas de cambio de la banca nacional para sostener el tipo de cambio oficial que el 4 de marzo se ubicó en 425,67 bolívares por dólar.
El 27 de enero, el BCV anunció la segunda oferta del año por un monto de 200 millones de dólares, que tuvo como destino completar la demanda de divisas de enero y la primera semana de febrero.
Estas divisas, derivadas de la venta y exportación de hidrocarburos, buscaron complementar la oferta privada y fortalecer la economía nacional.
El economista David Ruiz explicó en entrevista para El Diario que esta cifra, aunada a los 300 millones de dólares vendidos previamente este año, es un esfuerzo de contención que choca con una realidad social distinta.
“El BCV intenta inyectar liquidez en divisas para evitar que el dólar oficial, que abrió marzo sobre los Bs. 420, se dispare. Sin embargo, mientras el ente emisor quema divisas, el ciudadano enfrenta una carestía que los dólares de la banca no logran mitigar”, indicó Ruiz.

Encaje legal
El experto también mencionó que uno de los pilares de la política económica actual es el uso del encaje legal, situado en un 73 %, una medida que aseguró obliga a las instituciones financieras a congelar la mayor parte de sus captaciones, lo cual impide que ese dinero circule en forma de préstamos.
“La lógica oficial es que, si no hay bolívares en la calle, no hay presión para comprar dólares. Pero en lo que va de año, hemos visto una quema de divisas que ya supera los 500 millones de dólares, un esfuerzo monumental que solo busca que el bolívar no se desplome, no que se fortalezca”, agregó el economista.
Ruiz resaltó que esta política ha generado una segmentación peligrosa, debido a que solo las empresas que tienen acceso a flujo de caja propio o financiamiento externo pueden operar, mientras que la pequeña y mediana empresa, que depende del crédito bancario tradicional, no tiene acceso fluido a las divisas.
“El problema de esta visión es que estamos matando al paciente para bajarle la fiebre. Al mantener un encaje del 73 %, el BCV limita la capacidad de la banca para financiar al sector industrial y comercial. Sin crédito, no hay reposición de inventarios ni expansión de la oferta de bienes. Entonces, tienes un dólar medianamente estable, pero unos precios que suben porque no hay productos suficientes. Es una inflación de oferta que la intervención cambiaria no puede detener”, dijo el especialista.

Brecha cambiaria
A pesar del incremento en la recepción de divisas por parte de Venezuela, que según estimaciones de Ruiz ronda los 800 millones de dólares acumulados en lo que va de año, la disparidad entre la tasa oficial y el mercado informal sigue siendo una falla macroeconómica.
Para el analista, el problema no es solo de volumen, sino de una dinámica operativa que genera fricciones en la planificación empresarial.
“El diferencial cambiario persiste porque el acceso a las divisas no es automático. Las subastas imponen filtros de prioridades sectoriales que impiden a las empresas comprar dólares justo cuando lo requieren para sus procesos productivos”, explicó Ruiz.
A su juicio, esta falta de un calendario transparente y la dependencia de factores políticos externos introducen un factor de riesgo que ensancha la brecha.
“Cuando no hay un flujo regular de divisas, la confianza del mercado se quiebra, esto alimenta una incertidumbre que hoy se traduce en precios más altos”, manifestó el experto.

Dolarización financiera
A pesar de las restricciones, Ruiz destacó que la banca venezolana ha encontrado formas para responder a una “dolarización de calle”, como cuentas online en divisas, en custodia y mecanismos de pago digital en dólares.
Consideró que el paso lógico, y el que más teme el ala tradicional del BCV, es permitir que los bancos presten en dólares de manera masiva.
“El bimonetarismo en Venezuela es irreversible en el corto y mediano plazo. Lo vemos en cada transacción: el bolívar ha quedado reducido a una moneda para pagar vueltos pequeños, transporte público o servicios subsidiados. Para todo lo demás, el país ya eligió al dólar. El BCV intenta revertir esto con el Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras (IGTF), un impuesto que, lejos de incentivar el uso del bolívar, lo que hace es encarecer la vida del ciudadano”, detalló el economista.
Ruiz fue enfático al proponer un cambio de rumbo para estabilizar la economía en el país. En ese sentido, planteó que si la inyección de divisas no logra que el venezolano ahorre en bolívares, entonces el BCV debe sincerar la situación.
“La verdadera fortaleza del sistema vendría de una libertad monetaria plena. Que el ciudadano pueda decidir en qué moneda ahorrar y que la banca pueda prestar en dólares. Eso activaría el multiplicador del dinero y generaría un crecimiento real, no una estabilidad artificial”, apuntó.

Inflación en Venezuela
Otro punto del tema económico está relacionado con los precios de alimentos, los cuales están marcados en dólares. De acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la inflación anualizada de la canasta alimentaria en bolívares alcanzó el 681,1 % al cierre de enero de 2026.
Según el director de la institución, Óscar Meza, si se mide en dólares, el incremento fue del 42 %, lo que evidencia que la dolarización ya no es un refugio contra el alza de precios.
“Yo abogo por la libertad monetaria, que el dólar coexista con el bolívar, pero que formalicemos lo que ya de hecho existe. No tienes necesidad de modificar la Constitución y entrar en la discusión de que vas a depender de la Reserva Federal de Estados Unidos. Simplemente tú tomas esas medidas y que puedas pagar en un punto de cuenta con divisas”, detalló Meza el 2 de marzo.
El director del Cendas-FVM acotó que el bolívar ha perdido sus características fundamentales, una de ellas servir como reserva de ahorro, por lo que el Estado debe facilitar las transacciones en divisas (dólares, euros o pesos) de manera transparente a través de la banca formal.
En ese punto coincidió Ruiz, quien enfatizó que otro factor que incide en una posible dolarización financiera es la brecha entre el salario mínimo oficial y los precios, lo que advirtió ha pulverizado la efectividad del bolívar.
“El BCV debe dejar de ver la dolarización como un enemigo y empezar a verla como la plataforma que ya sostiene el consumo básico”, sostuvo el economista.

Mayor ingreso de dólares al país
Aunque el BCV proyecta una mayor fluidez de divisas por el aumento de la producción petrolera, impulsada por el contexto bélico en el Medio Oriente y el tutelaje de Estados Unidos, la percepción de la población es de escepticismo.
Al respecto, Francisco Monaldi, economista, consultor internacional y experto en materia petrolera, explicó en entrevista para El Diario que el mecanismo de acceso a las divisas es un factor que incide en las ganancias reales que percibe el venezolano.
Para el economista, el impacto positivo en el crecimiento económico y la estabilidad del tipo de cambio es “contingente” a que Washington entregue efectivamente los proventos de la venta a la gestión de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
De concretarse este flujo, Monaldi prevé que el ingreso petrolero ayude a estabilizar la microeconomía y reduzca la necesidad de financiar el déficit fiscal mediante la emisión monetaria, principal motor de la inflación en años anteriores.
“En la medida que tengamos más claridad sobre eso, sabremos si esto realmente tendrá el impacto que debería tener. Si le dan hasta el último dólar al mercado cambiario y al fisco venezolano, entonces sin duda este va a ser un año con significativos ingresos fiscales que ya estaban aumentando por los menores descuentos al ir al mercado licenciado en vez de al negro, y también porque es posible que se le levanten otras sanciones a Venezuela en términos de acceso al dinero”, agregó el consultor.

En ese sentido, el economista David Ruiz aseguró que el segundo trimestre de 2026 será decisivo, ya que si la oferta de millones de dólares y los nuevos mecanismos de subasta no logran estabilizar los precios de los alimentos, el malestar social podría intensificarse.
“Hasta que el flujo de divisas del BCV no se traduzca en una mejora del poder adquisitivo real, seguiremos administrando una crisis de subsistencia con barniz de estabilidad financiera”, indicó Ruiz.
Datos oficiales de la economía en Venezuela
El BCV informó el 4 de marzo que el Producto Interno Bruto (PIB) del país experimentó un alza del 7,07 % durante el último trimestre de 2025 en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Con este resultado, el ente aseguró que la nación acumula 19 trimestres consecutivos de incremento en su actividad productiva, cerrando el año pasado con un crecimiento consolidado del 8,66 %.
El BCV señaló que el sector petrolero creció un 13,41 % en el cierre de año, mientras que la actividad no petrolera avanzó un 5,30 %, impulsada por repuntes en áreas clave como la construcción (19,27 %), la minería (19,25 %) y el sector de alojamiento y servicios de comida (8,17 %).
La nota de prensa del BCV también resaltó que sectores como la manufactura, subió un 6,05 %, y el comercio, con un 7,21 %.
Por otra parte, destacó que el crecimiento de la agricultura fue de 5,10 % y las actividades financieras de 5,85 %.
En la práctica, la política cambiaria del BCV ha permitido contener temporalmente la depreciación del bolívar mediante la venta de divisas y la restricción de liquidez en bolívares. Sin embargo, los economistas advierten que estas medidas no implican un fortalecimiento estructural de la moneda nacional, sino una estabilización administrada del tipo de cambio.
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