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La Gran Vía: El mercado venezolanoOpiniónpor Napoleon Lazardi Macias

La Gran Vía: El mercado venezolano, por Napoleon Lazardi Macias

La reconstrucción del Mercado Financiero Venezolano no es un problema político: es un problema de infraestructura de mercado. La solución no está en esperar el momento perfecto, sino en construir los sistemas que permiten operar incluso en contextos imperfectos. 

Tal como mi abuelo entendió en la esquina de Gradillas, un mercado no es solo un lugar de intercambio; es una promesa de calidad y disponibilidad. En el siglo XX, esa promesa se cumplía con inventario y trato directo (La palabra). En el siglo XXI, esa promesa se cumple con latencia, determinación y transparencia algorítmica.

Durante años, la discusión sobre la reconstrucción económica de Venezuela ha girado en torno a una misma pregunta: ¿cuándo llegará el capital?, posiblemente, la pregunta, ha sido incorrecta todo este tiempo. El capital no llega donde no puede operar. No fluye donde no hay reglas verificables. No se compromete donde no existe infraestructura que garantice ejecución, trazabilidad y control de riesgo.

Por eso, la reconstrucción del mercado venezolano no es, ante todo, un problema financiero ni político. Es un problema de ingeniería de mercado. La Infraestructura es siempre, y será, antes que capital

Los mercados no se levantan con discursos ni con promesas de estabilidad futura. Se levantan con sistemas. Con plataformas electrónicas que permitan a inversores institucionales ejecutar órdenes, auditar operaciones y gestionar riesgo en tiempo real. La experiencia internacional demuestra que los inversores no exigen certezas de resultado, sino certezas de proceso. Y esas certezas no se legislan: se programan y por los discursos que estoy viendo hoy en dia, no estoy viendo que exista altura hasta el momento que entiendan la complejidad del asunto, creo que es necesario que Maria Corina Machado junto al presidente electo, tomen las riendas cuanto antes, ya que veo con profunda preocupación el desmejoro profesional que presenta el país.

Venezuela, lamentándolo mucho, hoy carece de ese sustrato tecnológico. Sin “cañerías” electrónicas, el capital permanece inerte, aun cuando exista apetito económico latente.

Argentina como benchmark es ignorado todo este tiempo, es una perla y un baluarte que debe y tiene que ser mostrado de ejemplo para el mundo, fui parte de uno de unos de los mejores eventos y procesos tecnológicos y revolucionarios de la región y creo que debe ser impulsado en nuestro país.

La transformación de los mercados argentinos —tanto en renta variable como en futuros— no fue consecuencia de estabilidad macroeconómica. Fue consecuencia de infraestructura electrónica. La introducción de acceso directo al mercado (DMA), motores de matching determinísticos y conectividad basada en el protocolo FIX permitió convertir liquidez fragmentada en volumen escalable.

BYMA y MATba-ROFEX no crecieron porque Argentina resolviera sus problemas estructurales, sino porque permitieron operar incluso en contextos adversos, ofreciendo a los participantes reglas claras, ejecución trazable y control de riesgo automático. En infinidades de veces los CEO tecnológicos nos formaban para poder interconectarnos con sus protocolos de conexión para impulsar estos crecimientos, mientras en paralelo se llevaba una de las batallas campales de las libertades más grandes que hoy en día marcan la historia del mundo. 

La genialidad del modelo argentino radica en la neutralidad tecnológica. Al implementar acceso directo al mercado (DMA) y conectividad FIX, Argentina logró que el riesgo de contraparte fuera gestionado por sistemas, no por voluntades políticas. Para Venezuela, esto significa que el capital internacional no necesita confiar en el funcionario de turno, sino en la inmutabilidad del matching engine.

Ese modelo es exportable. Y, en el caso venezolano, es urgente.

Cada orden enviada, modificada o ejecutada queda registrada con sello temporal, secuencia y contraparte identificable. Este rastro inmutable permite reconstrucción legal ex post, cumplimiento regulatorio y vigilancia automática. En mercados de alto riesgo jurídico, como el venezolano, se necesita reemplazar la confianza discrecional por verificabilidad técnica. Para un fondo institucional, esto marca la diferencia entre poder operar o estar obligado a abstenerse.

Venezuela no necesita inventar nuevos sectores financieros; posee dos anclas naturales de liquidez inigualables: el petróleo y la agricultura. El hecho de que hoy se encuentren sub-optimizados y desconectados de los flujos de capital global no es una falta de potencial, sino la consecuencia de una brecha tecnológica y operativa de casi tres décadas. Este rezago en conocimiento, implementación y estándares internacionales ha mantenido nuestro valor latente pero inerte. Sin embargo, esta misma brecha representa nuestra mayor oportunidad: al saltar directamente a una arquitectura de mercado de última generación, podemos convertir esos treinta años de estancamiento en un salto cuántico de eficiencia y transparencia.

Una arquitectura de mercado moderna permitiría la creación y listado de instrumentos financieros vinculados al sector petrolero, junto al desarrollo de mercados de futuros agrícolas plenamente interoperables con benchmarks internacionales. Esta infraestructura no solo atrae capital; democratiza el financiamiento de la producción, estabiliza los ingresos y mitiga la incertidumbre operativa. Si bien la tecnología no erradica el riesgo político, lo transmuta en una opcionalidad gestionable a través de reglas programadas. 

La madurez técnica que alcanzamos en Argentina es perfectamente transferible al contexto venezolano, una tesis que profundizo en mi estudio “Technological Infrastructure as a Catalyst for Economic Reconstruction: Exporting Argentina’s FIX-Based Market Architecture to Venezuela”. Contamos con una masa crítica de profesionales venezolanos en la vanguardia tecnológica, listos para ejecutar este despliegue y liderar la reconstrucción de nuestros sectores estratégicos.

 

Uno de los errores recurrentes es tratar el riesgo venezolano como binario: todo o nada, colapso o recuperación. Los mercados reales no funcionan así. La integración de modelos como lo que trate en el “Efecto MCM” publicado el 3 de enero, permite ajustar precios y márgenes de riesgo a choques políticos, legales y regulatorios no binarios, redistribuyendo probabilidades en el tiempo en lugar de congelar decisiones de inversión.  Esto habilita algo clave: participación institucional sin exigir certezas absolutas. El ‘Efecto MCM’ escrito en el paper, no es una consigna, es un modelo de cuantificación de riesgo estocástico. Permite que los flujos de capital operen bajo una estructura de opciones reales, donde la incertidumbre política se convierte en una variable de precio ajustable en tiempo real, permitiendo que la inversión institucional entre al país ‘protegida’ por la propia arquitectura del mercado

Por último, sin market makers no hay precios; sin precios no hay mercado. Un mercado sin creadores de liquidez no informa. Sin precios continuos, la economía no puede coordinar decisiones. Y los market makers solo existen donde hay infraestructura que les permita cotizar, cubrirse y auditar riesgo en tiempo real.

Argentina demostró que la liquidez sigue a la infraestructura, no a las promesas, y los que fuimos parte de esa infraestructura, sabemos que hoy en día, venezuela puede replicar ese camino si entiende una premisa fundamental: primero se construye el mercado; luego llega el capital. 

La libertad está en la soberanía y Reconstruir es diseñar.

Hoy, desde la misma infraestructura física que mi familia construyó, planteo la construcción de la infraestructura lógica que el país reclama 

No estamos pidiendo permiso para prosperar; estamos diseñando el sistema que lo hace inevitable.

 

Napoleon Lazardi Macias

CEO Pitagora Capital & Consulting

@nariclama

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