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“Que todo cambie para que nada cambie o que todo cambie para que todo siga igual”. (El Gatopardo)
Ya han transcurrido 100 días desde la exitosa captura y extracción de Nicolás Maduro, por parte del gobierno de Estados Unidos. Una agradecida actuación del presidente Donald Trump, a favor de nuestra lucha por la libertad y la democracia.
Pero hoy todos nos preguntamos ¿Qué ha cambiado en estos 100 días? ¿Venezuela ahora está mejor o peor?
Parece que el gobierno interino de Delsy Rodríguez se está copiando de “El Gatopardo”, la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, donde se refleja el fin de la vieja aristocracia siciliana durante la unificación italiana y cómo las élites adoptaron cambios superficiales para mantener intacto su lugar en la sociedad.
En teoría, Venezuela ha entrado a una nueva etapa; pero e la práctica, la estructura del poder luce intacta. Ese cambio, más que una transformación parece un reacomodo. Delsy Eloina nos está engañando con cambios aparentes que no modifican el fondo del régimen anterior, para así mantenerse en el poder y no realizar las elecciones que la ley y todos exigimos.
El gobierno estadounidense exigió la liberación inmediata y total de los presos políticos, pero eso ha sido “un arroz con mango”, un caos, un desorden y pura corrupción. Ha sido un engaño porque aún permanecen cientos de detenidos por motivos políticos y el gobierno dice que son “delincuentes comunes” y niega su estatus político, mientras negocia y cobra por las boletas de libertad. Según el último informe del Foro Penal hay 490 personas privadas de libertad por motivos políticos: La lista incluye a 1 adolescente y a 44 ciudadanos extranjeros, quienes según la ONG, son utilizados como “fichas de canje” en negociaciones internacionales.
Y la Ley de Amnistía es un fraude, porque no es una amnistía general y sin condiciones, al dejar por fuera a militares y a políticos acusados de instigación a la intervención.
La administración de Donald Trump debe verificar que ese interinato demuestra que Venezuela sigue atrapada en un círculo vicioso de continuidad y no en un proceso de transición real. Y que un proceso que excluye a liderazgos locales con legitimidad, como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, difícilmente podrá presentarse como una transición justa o representativa.
Para resucitar a Venezuela y superar la destrucción chavista-madurista, se necesita una inversión de gran escala y pasar a producir por lo menos 3 millones de barriles diarios. Y aunque la reapertura de la embajada de EEUU y el levantamiento gradual de sanciones sugieren un deshielo, eso no es suficiente. Antes de comprometer miles de millones de dólares, las grandes empresas van a esperar a que exista un marco constitucional definitivo, para eso son necesarias las elecciones generales este mismo año y en VENTE VENEZUELA ya estamos preparados,
Abogado
Miembro de Vente Venezuela
