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Juan Guerrero:Opinión

Juan Guerrero: Esta terca esperanza


Las noches, y sobre todo las madrugadas, son tiempos donde el pensamiento y la esperanza se desatan y uno termina transformado en un infinito disfraz, con anhelos, deseos, y con luces y sombras incorporadas, antes de terminar implorando el regreso del sueño. De tanto que me ha arrebatado este régimen socialista y chavista, mi jubilación es lo que puedo echar de menos, porque no pude disfrutarla plenamente.

Perdí mis años de jubilación entre plantones, huelgas, marchas, manifestaciones, haciendo humillantes e interminables colas, de madrugada, buscando comida y reclamando mi derecho a vivir en un país normalito y decente.

Ahora cuando un “chancletazo” extrajo y depositó, como por arte de magia, en una cárcel de Nueva York al hijo mayor del narco Estado venezolano, divago en plena madrugada buscando los restos de lo mucho que todavía me queda en esta vida. Y cierto que puedo decir que soy un profesor universitario jubilado empobrecido. Pero como siempre le he comentado a mi esposa: nosotros los profesores universitarios, como muchos profesionales y la inmensa población venezolana, “somos ciudadanos inmensamente ricos, comenzando por tener un pasado cultural esplendoroso fortalecido en la tradición hispánica de valores y principios traducidos en leyes, normas, usos y costumbres de maravillosa importancia”.

De ello lo más trascendente ha sido nuestro principio ético, moral de permanecer inquebrantables denunciando la injusticia y los actos innobles de corrupción e inmoralidad de un régimen criminal, perverso, corrupto y obsceno. Cierto que en estos 27 años el régimen socialista-chavista del siglo XXI nos arrebató todo lo material que pudo: sueldos y salarios, alimentación y servicios médico-asistenciales, seguridad jurídica, acceso a servicios públicos, como gas doméstico, Internet, agua, electricidad. Pero jamás pudo arrebatarnos nuestra dignidad, nuestros principios y valores como pueblo y nación. Destruyó la institucionalidad del Estado, nos obligó a vivir y convivir bajo un régimen totalitario y arbitrario que peligrosamente devino en ausencia de autoridad democrática, comprometiendo la “autodeterminación” como república independiente, desembocando en los acontecimientos del pasado 3 de enero.

Ahora todo está por hacer y rehacer. La reinstitucionalización de la república está planteada como un inmenso reto, ético y moral, solo para quienes sepan actuar sobre la ola de la trascendencia histórica que se presenta. Porque antes de pensar en celebrar elecciones es deber moral de todo ciudadano verdaderamente comprometido con el devenir histórico del país y sus ciudadanos, pensar en salvar vidas y rescatar la autodeterminación de la nación como Estado independiente. Lograr la estabilización significa presionar para que sean liberados la totalidad de los presos políticos, civiles y militares. Lograr la estabilización significa asumir la crisis alimentaria para impedir que siga incrementándose la desnutrición infantil y de ancianos. Lograr la estabilización significa asumir la crisis sociosanitaria e intervenir los hospitales y demás centros médicos de atención primaria. Lograr la estabilización significa asumir la vergüenza de la precariedad de salarios y pensiones para aumentar los sueldos y dignificar al trabajador. Lograr la estabilización significa asumir la crisis educativa nacional como una responsabilidad y Política de Estado, colocando a los educadores como actores fundamentales en la transformación radical de la sociedad. Además, es prioritario asumir la intervención de las instituciones del poder del Estado con actores profesionales, con capacidad técnica y, sobre todo, de comprobada honorabilidad, experiencia y pulcritud en los asuntos de la administración pública: Tribunal Supremo de Justicia, Asamblea Nacional, Consejo Nacional Electoral, Ministerio Público. Incluso, los partidos políticos deben someterse a una profunda reestructuración para que la ciudadanía pueda creer en sus líderes y dirigentes.

Después de todo ello, y una vez reestructurado el Consejo Supremo Electoral, los ciudadanos “podríamos” creer en nuestras instituciones y quien sea electo, ser reconocido y legitimado por los ciudadanos.

El país que ahora llamamos Venezuela, en la práctica, es hoy una “expresión geográfica” que se encuentra disputado, todavía, entre grupos de poder que luchan por seguir despojándola, tanto de sus riquezas como peligrosamente, de su territorio. Esto último, sigo insistiendo, es un punto muy delicado que pocos están observando. El tablero del poder mundial cada vez se inclina a considerar esta parte del mundo como territorio que, muy probablemente, sea arrastrado en conflictos internacionales, por sus recursos energéticos y estratégicos.

No, Venezuela no está lista para unas elecciones, ni en lo inmediato ni a mediano plazo. Posiblemente en dos años se podría intentar unos comicios electorales, que pudieran comenzar por la elección de una nueva Asamblea Nacional. Después, unas elecciones regionales de alcaldes y gobernadores y, por último, lo más esperado, unas elecciones presidenciales.

Estamos transitando un camino al borde del abismo. Porque toda intervención armada de una potencia militar resulta siempre riesgosa. Podemos terminar, sea en un tutelaje como está ocurriendo, sea en una intervención abierta de control total, sea en un protectorado, sea como estado libre asociado, sea como un territorio anexado a otro país. Porque cuando la autodeterminación de la nación se fractura, se quiebra y no existe defensa efectiva, real, como ha ocurrido en Venezuela, todo es posible que pueda ocurrir. Curiosamente, los Estados Unidos de Norteamérica, en cada incursión armada en la que han intervenido, al cabo de un tiempo abandonan los territorios y, casi siempre, los dejan mejor de como los encontraron.

(*) camilodeasis@gmail.com X @camilodeasis IG @camilodeasis1

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