Jordán Rodas (Quetzaltenango, 57 años) es doble víctima en un país donde prevalece la impunidad. Su hermano fue desaparecido durante la dictadura militar que desangró Guatemala en la década de los pasados años ochenta, bajo la mano de gobernantes autoritarios que persiguieron a disidentes y se cebaron con las comunidades indígenas. Es, además, un exiliado tras la persecución en su contra de una justicia que él define como “secuestrada” por “mafias”, en referencia a élites militares y económicas que maniobran para acallar a voces críticas. Rodas fue procurador de derechos humanos y conoce de cerca esa maquinaria, que lo marcó como personaje incómodo, dice, porque actuó de forma independiente a la hora de denunciar abusos.


