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Jesús Medina, un sacerdote venezolano que lleva el Evangelio a las redes sociales

Sacerdote, migrante y figura influyente en el mundo digital, el venezolano Jesús Medina encarna una nueva generación de clérigos que combinan el púlpito de mármol con el formato vertical de un reel

En una entrevista para El Diario, el “cura venezolano”, como lo llaman sus fieles y compañeros en España, reflexionó sobre su historia personal, el desarraigo, la fe en los nuevos tiempos y la urgencia de no posponer la vida.

El camino de la fe y la entrega al sacerdocio suele imaginarse como un suceso místico repentino, pero para el padre Medina fue un sentimiento cotidiano que tenía presente desde que era un niño.

“No tengo un día exacto en el calendario. Lo mío no fue un relámpago, fue más bien como una llama encendida. Desde niño, de una manera muy simple, sabía que quería ser sacerdote. Y esto suena muy curioso, pero es real: yo jugaba a celebrar la misa, con galletas, malta, una copa, como juegan los niños a lo que aman, a lo que quieren ser”, narró el presbítero.

Medina creció en un pueblo del estado Trujillo, tuvo una infancia normal, escuela, amigos, juegos en la calle, familia, pero con una intuición firme que se profundizó cuando pasó a cuarto año de bachillerato.

“Di un paso muy grande. Fui a Mérida al seminario con 14 años de edad, apenas. Eso es como dejar la casa. Ahí empecé a escucharme por dentro. Comenzó mi discernimiento de verdad, a ponerle palabras, a verbalizar lo que sentía, a dejar que Dios ordenara mis deseos y entender que la vocación no me estaba quitando la humanidad, sino que me estaba enfocando”, agregó.

Jesús Medina, un sacerdote venezolano que lleva el Evangelio a las redes sociales
Foto: Padre Medina

Sacerdote, venezolano y migrante

Para el padre Medina, la migración no fue una huída, sino un envío con propósito académico y pastoral. El salto de las montañas andinas a la Universidad Pontificia de Salamanca trajo consigo la dualidad del crecimiento y el vértigo de conocer nuevas culturas.

“Salí de Venezuela como tantos, persiguiendo un sueño, pero en mi caso no fue una huida improvisada, fue más bien una misión. Estaba recién ordenado cuando mi obispo me propuso venir a España y especializarme en Teología Pastoral en la Universidad Pontificia de Salamanca, y al mismo tiempo debía servir pastoralmente en una parroquia a las afueras de Madrid”, explicó el sacerdote. 

Acotó que sintió una mezcla de emociones, porque aunque sabía que emigrar es ganar oportunidades, también estaba dejando atrás afectos, historias, acentos y lugares que lo hicieron ser quien es. 

“Mi motivación siempre ha sido la misma: poder ofrecerle un mejor servicio a la Iglesia del Pueblo de Dios. Es decir, si yo me formo más, acompaño mejor a la gente”, dijo el presbítero.

Llegar a una cultura distinta puede representar un desafío, pero hacerlo en medio de una crisis sanitaria global añade una capa de complejidad emocional y eso fue lo que vivió el padre Medina, quien llegó a España durante la pandemia por covid-19. 

Así, pasó de la calidez de su primera parroquia como sacerdote, en Isnotú, el pueblo de San José Gregorio Hernández, al silencio de una España confinada.

“Todavía me siento un extranjero y no lo digo con drama, lo digo con mucha sinceridad. Porque ser migrante no es solamente cambiar de país, sino que me tocó aprender otro ritmo, otra forma de hablar, otra manera de relacionarme. Y en el proceso a veces me sentía fuera del lugar, aunque siempre me han tratado bien”, puntualizó. 

Jesús Medina, un sacerdote venezolano que lleva el Evangelio a las redes sociales
Foto: Padre Medina

La fe en tiempos de crisis

Para el sacerdote venezolano su instalación en España durante uno de los picos más altos de la pandemia marcó todo su camino. Llegó a una casa que, aseguró, por momentos se sentía enorme y con demasiado silencio. 

“La gente tenía miedo, había mucho duelo, había distancia. Muchos en mi comunidad parroquial estaban afectados por el covid-19 y la vida pastoral se volvió muy limitada por eso”, añadió. 

Además, el padre Medina aún se sentía apegado a los fieles del pueblo donde nació San José Gregorio Hernández y su salida de Venezuela ocurrió cerca del anuncio de la beatificación. 

“Fue como decir: ‘Señor, ¿en serio, ahora?’. Experimenté soledad, incertidumbre, un poco de desarraigo, pero también algo muy humano que es cuando no tienes alrededor a los de siempre, descubres quién te sostiene de verdad y quién eres. Y en esos días sentí que Dios no me estaba quitando nada, que me estaba ensanchando el corazón”, señaló.

El alcance de las redes sociales

Las redes sociales se convirtieron en una nueva plaza pública para el padre Medina. Allí encontró una forma de democratizar el mensaje religioso, alejándolo de la rigidez institucional para acercarlo a las heridas cotidianas de quienes navegan en Internet.

“Ahí está la gente; gente que tiene preguntas, heridas, con hambre de sentido, personas que incluso no saben cómo pedir ayuda. Yo no tengo una parroquia con un aforo para 4.000 personas, por ejemplo, pero puedo llegar a miles con un reel de 30 segundos. Y eso no sustituye la pastoral real, que es la comunidad, pero sí la amplía”, explicó. 

El sacerdote destacó que llegar a miles de personas a través de una pantalla es como tocar puertas donde antes no se tenía acceso, lo considera como una gran oportunidad de esta época en la que la tecnología no se detiene. 

Jesús Medina, un sacerdote venezolano que lleva el Evangelio a las redes sociales
Foto: Padre Medina

“Mi objetivo es muy simple y profundo a la vez: que el Evangelio toque la vida concreta de la gente. Que alguien que esté triste encuentre consuelo. Que alguien que se siente lejos de Dios sepa que puede volver. Que alguien con miedo entienda que Dios no es un verdugo, sino un padre. Si una sola persona reza después de un video, si se atreve a confesarse, si deja de odiarse por dentro o de odiar a los demás, entonces valió la pena”, resaltó el cura venezolano. 

Esta cercanía digital ha roto la imagen del sacerdote “de vitrina”, ya que Medina se presenta sin poses, aceptando que su autenticidad puede ser un puente para algunos y un motivo de incomodidad para quienes prefieren la distancia del rito.

“Yo intento que la fe no suene lejana, que suene posible la idea de que es accesible seguir a Jesucristo”, acotó.

El sacerdote indicó que con sus publicaciones en varias redes sociales intenta mostrarse tal y como es: joven, real, de buen corazón, con gustos normales, con emociones, con sentido del humor, con una historia concreta y sin disfrazarse.

“A veces se nos mira como si fuéramos una institución con piernas. Y sí, representamos algo, claro, pero antes que eso, somos personas. Eso puede generar dos reacciones, los que se abren porque dicen ‘por fin un sacerdote que habla mi idioma’, y otros que se incomodan porque prefieren una imagen más distante. Quiero ser un sacerdote de camino no de vitrina”, puntualizó. 

Medina resaltó que vive su vocación con autenticidad sin deshumanizarse ni perder lo esencial que es tratar que Dios llegue a la gente a través de un corazón humano.

Venezuela: el acento que no se deja atrás

Pese a su integración en la sociedad española, la rutina matutina del presbítero revela que su identidad permanece anclada en sus raíces: después de su primera oración de la mañana busca enterarse de las noticias del país.

Para el padre Jesús, ser venezolano es una herramienta pastoral que le otorga la empatía necesaria para acompañar a otros que, como él, han llorado lejos de casa.

“Estoy muy agradecido con España, de verdad. Yo aquí he sido acogido, querido y acompañado, pero mi corazón sigue teniendo acento venezolano, yo lo sé, y además la gente de mi parroquia me lo dice”, dijo.

Añadió que Venezuela no es un lugar que pueda dejar atrás, porque siempre la lleva consigo, y también confesó que se nota su identidad venezolana en la manera de hablar, en la calidez, en el sentido de familia, en el humor, en la forma de acercarse a los demás. 

“Pastoralmente eso me ayuda, porque el migrante entiende al migrante, el que ha llorado lejos entiende al que llora lejos, y así esa empatía se vuelve servicio, ministerio. Tengo hasta etiqueta: en mi parroquia me llaman ‘el cura venezolano’”, contó el padre Medina.

Al mirar el recorrido desde Trujillo hasta Madrid, Medina no habla de milagros espectaculares, sino de una presencia constante de Dios en los detalles pequeños: una llamada, una persona, una puerta abierta en el momento justo del cansancio.

“Si miro atrás, creo que la lección más grande es esta: Dios es un Padre providente, pero no como teoría, sino como experiencia vivida. Es que no ha habido ni un lugar ni una circunstancia en la que yo haya sentido que Dios se desentendió de mí. Y a veces no se me dio lo que yo quería, pero siempre he sentido su auxilio y su presencia”, detalló. 

El venezolano dijo algo que siempre le repite a sus fieles “a Dios le gusta susurrar y lo hace a través de la vida” pero aseguró que cuando alguien aprende a leer esos susurros, es que se entiende que nadie está caminando solo en este mundo.

Al preguntarle sobre un consejo para la humanidad, el padre Medina fue tajante al manifestar la necesidad de no postergar la vida, de no tener miedo de dar pasos hacia delante y de confiar en el camino que Dios quiere para todos: vivir a plenitud.

“Sobre esto versan todas mis homilías, vivamos intensamente, con pasión, con ilusión pero con sentido. No podemos seguir posponiendo la vida, el amor, la reconciliación, los sueños. Dice Jesús: ‘Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’. Yo diría que no tengamos miedo, a veces el mayor milagro no es que Dios nos cambie la situación, sino que nos devuelva la valentía para enfrentar la vida con esperanza”, precisó el sacerdote venezolano Jesús Medina.

La entrada Jesús Medina, un sacerdote venezolano que lleva el Evangelio a las redes sociales se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.

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