
Un soldado “desconocido” como testigo
Fue en 2006 cuando el “soldado desconocido” –un aliado militar que nos facilitó información confidencial del chavismo y nos ayudó a penetrar en las fauces “secretas” de la vinculación entre Irán y Venezuela– nos advirtió que la suerte estaba echada y que Hugo Chávez había decidido ponerse en manos de los Ayatolas. Sorprendidísimo de lo que me revelaba pregunté: “¿Qué? ¿De los Ayatolas? ¿De los iraníes? ¡No puede ser! ¡Creo que estás desvariando! ¡Imposible! ¿Qué tienen que ver los ayatolas con Venezuela? ¡Nada!”
Pero la realidad se imponía, pactos entre Chávez y Jamenei, fábricas de drones, carros, construcción, mujeres iraníes con sus burkas por doquier en Venezuela; cada día más cercanos al terrorismo.
El plan de Nasser y Aissami comenzó a tomar vigor en la tierra de Bolívar y Miranda, Chávez nos había entregado.
Guapos y apoyados
Tareck William Saab, Aissami, Makled, El Troudi, Kabboul, Alex Saab, Khalil, Ghazi Nasr Al-Din, de pronto la política venezolana estaba atiborrada de nombres y figuraciones árabes. Ya no era sólo Simón el Árabe, Carlos el Chacal o Carlos Saidam Aissami, eran centenas de ellos en puntos clave de la criminalidad, del poder político, de la diplomacia, de la economía, eran alianzas petroleras, comerciales, religiosas; eran pasaportes entregados a terroristas; eran “venezolanos” formando parte del ataque a los Torres Gemelas en Nueva York; eran pactos, armamento, Hezbolá, Hamás, Tren de Aragua; era Irán en Venezuela. Eran iraníes llegando y venezolanos yéndose.
Chávez, guapo y apoyado, se desata contra Estados Unidos como si fuera un terrorista islámico más y entrega nuestro territorio a Irán y a Rusia. La tensión entre Washington y Caracas crece.
Se rompen relaciones históricas y fundacionales entre la Venezuela de Bolívar y los Estados Unidos de Washington. Increíble.
Chavismo besa los pies de Estados Unidos
Chávez y Maduro no sólo entregaron el país a iraníes, se rindieron a ellos y así estábamos hasta Trump. Cuando el expansionismo iraní comenzó a amenazar no sólo a Medio Oriente sino también al continente americano, la respuesta llegó. No podía ser de otra forma Estados Unidos y el Estado de Israel comprendieron que el problema ya no era regional sino civilizatorio. El terrorismo iraní no era sólo un enemigo de Israel, era un enemigo del mundo libre. Con el arresto de Maduro y el posterior ataque a Irán y a su liderazgo, occidente ponía orden. El ajedrez persa encontró por fin un contrincante que no sólo le dio jaque mate al “rey”, sino que lo mató
Sí, EE.UU, en un ejercicio militar inédito y perfecto, atacó a Venezuela y en cuestión de horas desnudó al chavismo, lo aniquiló. De no ser trágico el desenlace, sería muy cómico. Cinematográfico.
El evento dará mucho de qué hablar por los siglos de los siglos, el chavismo se hincó y besó los pies al conquistador. Lo sigue besando.
¿Socialismo árabe o socialismo del siglo XXI?
El mundo árabe ha dado a la humanidad una herencia cultural extraordinaria: poesía, filosofía, ciencia, matemáticas, arquitectura, espiritualidad. Sin Bagdad, Córdoba o Damasco, la civilización sería inconcebible. Pero también produjo una corriente política radical que convirtió el nacionalismo y el socialismo en instrumentos de dominación, terror y guerra ideológica. Ese fue el modelo que terminó infiltrándose en Venezuela. El chavismo lo abrazó con entusiasmo y lo convirtió en tortura histórica.
Nasser había inventado una fórmula peligrosa: el socialismo árabe. Chávez simplemente la tropicalizó en el socialismo del siglo XXI. No fue una coincidencia ideológica, fue una continuidad histórica.
El panarabismo financió movimientos armados en el mundo; el chavismo financió su socialismo en América Latina.
El derrumbe del terror
Los regímenes del miedo siempre parecen eternos, hasta que colapsan. El nazismo parecía invencible en 1940. El comunismo soviético parecía eterno en 1960. Y el islamismo revolucionario iraní también se creyó indestructible. Ni hablar del chavismo, que aún en diciembre de 2025 se burlaba de EE.UU. Pero la historia es implacable con los imperios del terror. El día que el mundo decidió detenerlos, en Teherán, en Gaza, en Beirut y en Caracas comenzó el derrumbe de esa maquinaria ideológica que había sembrado muerte y terror durante décadas.
Occidente tardó en reaccionar, pero reaccionó. Y cuando lo hizo salvó al mundo de una nueva era de oscurantismo y fanatismo ideológico. Era necesario, doloroso y humillante, pero necesario.
El terror no es accidente, es doctrina. Donde el terror florece, la humanidad se marchita. El chavismo se rindió, pero aún sigue vivo.
Hay que finalizar la tarea… y la tarea es erradicarlos.
Venezuela después del veneno
Queda una tarea histórica.Venezuela no sólo deberá reconstruir su economía y su democracia, deberá reiventar su visión histórica, su sociedad y su cultura. Deberá también extirpar de su vida política y cultural el veneno ideológico que el chavismo importó desde Teherán. El islamismo radical nunca fue venezolano, fue una infección geopolítica vinculada con el fracaso monumental que es el socialismo. Toda infección, toda peste, toda enfermedad deben ser erradicas. Esa será una de las grandes tareas de la nueva República.
Porque la Venezuela que renazca no será un satélite de tiranos ni de ayatolas. Será, otra vez, la tierra luminosa de la libertad. Viene un cambio total de paradigma. Cada uno de nosotros tiene su misión.
Volver a las ideas de la libertad, de la vida, del Estado de Derecho, del humanismo, del libre mercado y de la productividad.
Volver a nuestra conciencia americana.
Volver a nosotros mismos…
Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr
