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Ingeniería venezolana de exportación: El camino de Miguelangel Rivas hacia el mercado estadounidense

Miguelangel Rivas

 

Miguelangel Rivas no es el típico empresario que llegó a otro país con un plan infalible bajo el brazo. En realidad, su historia es la de muchos venezolanos que metieron su título profesional en una maleta y descubrieron, a fuerza de tropiezos, que el conocimiento técnico es la única herramienta que no se oxida al cruzar fronteras. En su caso, la ingeniería química y el diseño de lámparas fueron el puente para reconstruir su identidad lejos de casa, pasando de la comodidad de un sueldo corporativo a la incertidumbre de fabricar sus propios sueños en una habitación pequeña.

Su éxito actual en Colombia no es producto del azar, sino de una disciplina que se forjó en los años de escasez en Venezuela, donde aprendió que la falta de recursos se suple con ingenio. Rivas logró algo que parece contradictorio: democratizar el diseño de alta gama y, al mismo tiempo, tecnificar el campo con equipos de precisión. Hoy, este criollo lidera marcas que compiten en los mercados digitales más exigentes, demostrando que emprender como migrante no se trata de olvidar quién eras, sino de aplicar lo que sabes en un terreno que todavía no conoce tu potencial.

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Todo este recorrido empresarial tuvo un origen académico, pues lo que hoy es una operación internacional nació de un simple experimento estudiantil sobre el manejo del calor. Miguelangel recuerda que esa tesis se transformó rápidamente en una oportunidad de negocio real. «Mi primer acercamiento nació en 2012 como parte de un proyecto académico de Ingeniería Química, donde apliqué principios de transferencia de calor y diseño funcional para crear una lámpara infantil innovadora. Ese prototipo se convirtió en mi primer producto comercial».

Tras esa primera chispa creativa, el ingeniero decidió fundar Lámparas Venezuela en un momento donde el país atravesaba una fuga masiva de empresas y proveedores internacionales. «Ingresé al mercado en un momento donde muchos proveedores estaban saliendo debido a la crisis. Mientras otros cerraban operaciones, yo aproveché para introducir diseños propios, funcionales y adaptados al consumidor local».

“Comencé vendiendo de forma directa y, en pocos años, escalé la operación hasta distribuir en más de 20 estados del país, trabajando con las principales cadenas de retail nacionales. Ese crecimiento me permitió posicionarme como uno de los proveedores emergentes más relevantes del sector iluminación en Venezuela (…) Más que competir por precio, competí por diferenciación, innovación de producto y velocidad de respuesta, lo que nos permitió crecer rápidamente a nivel nacional”, expresó.

Ideas con luz propia

La salida del país en 2017 no significó el fin de su espíritu productor, aunque primero cumplió una etapa de transición trabajando para una gran multinacional en suelo colombiano. No obstante, las ganas de volver a crear lo llevaron a renunciar a su estabilidad para fabricar piezas de forma artesanal. Comencé literalmente desde mi habitación, fabricando y pintando mis propios productos, diseñando prototipos y vendiendo directamente».

“Fue un proceso complejo, pero esa etapa me obligó a optimizar procesos, controlar costos y desarrollar soluciones más eficientes, lo que terminó fortaleciendo mi capacidad empresarial y técnica”, añadió.

El proceso de adaptación a una nueva sociedad le exigió una humildad profunda, pues entendió que no bastaba con un buen producto si no lograba conectar con la forma de pensar del comprador local. Así, dedicó meses a estudiar el mercado para que sus diseños realmente resolvieran necesidades del contexto colombiano. «Aprendí que el éxito en un nuevo país no depende solo de vender, sino de entender profundamente la cultura, el poder adquisitivo y los hábitos de compra, y diseñar soluciones específicas para ese contexto».

Cuando finalmente fundó Mundiluz, su enfoque se centró en la operatividad pura, buscando aliados que pudieran fabricar bajo sus estrictos estándares de ingeniería para no depender de la suerte. Esta etapa fundacional demandó una supervisión constante en cada taller y carpintería para asegurar la calidad que él proyectaba. «No solo vendíamos lámparas: las diseñábamos, especificábamos y desarrollábamos con proveedores locales, controlando calidad y estándares de exportación».

Añadió que eligió nuevamente la iluminación porque “era mi área de especialización, donde ya contaba con experiencia, conocimiento técnico y una ventaja competitiva clara”. En tal sentido, detectó “oportunidades en iluminación decorativa e institucional que el mercado aún no estaba atendiendo correctamente”.

Ventas a toda potencia

Con el auge del comercio electrónico, la marca encontró su lugar ideal en los marketplaces, donde la innovación constante permitió que sus productos destacaran frente a la competencia importada. «Hemos renovado continuamente el portafolio, desarrollado productos diferenciados y optimizado precios sin sacrificar calidad. Eso nos ha permitido mantenernos consistentemente entre los primeros lugares en marketplaces nacionales, incluso cuando muchos competidores desaparecieron. Nuestro enfoque siempre ha sido eficiencia operativa, diseño propio y valor real para el cliente».

La expansión no se detuvo en las pantallas, ya que la marca dio el salto hacia el mundo físico para brindar una experiencia de compra más cercana y confiable a sus clientes. Esta decisión estratégica permitió que personas que aún temían comprar online se acercaran al producto final antes de adquirirlo. «Esto fue clave especialmente en artículos de mayor valor. La combinación de e-commerce + presencia física consolidó la marca y aceleró el crecimiento».

Además de su pasión por la luz, Miguelangel decidió volcar su experiencia técnica hacia el sector rural, donde identificó que la falta de maquinaria accesible frenaba el crecimiento de los pequeños campesinos. De esta manera, aplicó sus conocimientos en procesos industriales para fabricar herramientas que fueran rentables para el productor. «Decidí aplicar mi experiencia en diseño y manufactura para desarrollar soluciones tecnológicas más accesibles para el campesino colombiano, enfocadas en eficiencia y rentabilidad».

Uno de los mayores orgullos de su catálogo actual son las incubadoras de alta precisión, las cuales diseñó desde cero aplicando conceptos avanzados de termodinámica y fluidos. «Estas incubadoras fueron diseñadas personalmente por mí, aplicando mi formación como ingeniero químico, especialmente en transferencia de calor, perfiles térmicos y control de temperatura. No son productos genéricos. Desarrollé especificaciones técnicas propias, optimizando circulación de aire, humedad y estabilidad térmica para maximizar la tasa de eclosión.Gracias a estos ajustes logramos mejoras de hasta un 5% frente a equipos tradicionales».

Destacó que actualmente las incubadoras se encuentran entre las de mayor precisión y mejor desempeño técnico del mercado colombiano, lo que los ha convertido en una de las marcas preferidas por pequeños y medianos productores. “Además, incluimos capacitación, transfiriendo conocimiento y no solo vendiendo equipos”, señaló.

Proyección sin fronteras

A nivel personal, el mayor aprendizaje de estos años ha sido entender que el crecimiento sostenible solo es posible cuando se cuenta con una estructura legal y administrativa impecable. Por ello, Miguelangel insiste en que la formalización es la única vía para que un pequeño proyecto logre escalar a niveles internacionales. «Aprendí que la formalización es esencial: registro de marca, contabilidad, cumplimiento legal. Esa estructura es lo que permite escalar internacionalmente, acceder a financiamiento y crecer sin fricciones».

Para el venezolano, la meta es llevar el talento latinoamericano a los mercados más competitivos del mundo, empezando por una presencia sólida en Estados Unidos. «Actualmente estamos en proceso de expansión en marketplaces estadounidenses con nuestras líneas de iluminación y tecnología agropecuaria». Para lograrlo, la marca ya cumplió con todos los requisitos jurídicos para operar formalmente en territorio norteamericano.

Sin embargo, sus planes no terminan allí, ya que su visión de crecimiento incluye un retorno comercial a Venezuela para ofrecer nuevamente sus soluciones de ingeniería en su tierra de origen. «Planeamos reingresar a Venezuela, llevando más de 200 referencias de producto. Buscamos convertirnos en un proveedor internacional de soluciones de iluminación y tecnología agropecuaria».

Para concluir, su mensaje para quienes aún sienten temor de emprender en un país extraño es una invitación a valorar el conocimiento propio como el motor principal de cualquier cambio. Según su experiencia, el paso más difícil es siempre el primero, pero es el único que abre puertas inesperadas. «Que no subestimen su experiencia ni su capacidad de crear valor. Si tienen una idea, comiencen. El conocimiento y la iniciativa pueden abrir oportunidades que un empleo tradicional no ofrece», puntualizó.

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