Una de las frases que más cachondeo generaron dentro del paddock de la Fórmula 1 durante los ensayos invernales la soltó Fernando Alonso: “Hasta el chef del equipo podría conducir este coche”. El asturiano no se refería ni a la hipotética habilidad al volante que pueda tener el cocinero de Aston Martin, ni a la indudable flojera del AMR26. Alonso resumió el sentimiento generalizado de la parrilla ante los monoplazas que formarán este domingo en la parrilla del circuito de Albert Park (05:00 horas, Dazn), donde se pone en marcha otro Mundial, este, marcado por el cambio en el reglamento técnico más agresivo de las últimas décadas. En resumen, los coches pierden volumen y eficiencia aerodinámica; la parte eléctrica del motor y la de combustión se equilibrarán (50%), y se estrenará un combustible completamente sostenible. Los dos primeros elementos tendrán un impacto trascendental en la naturaleza de las carreras; el tercero, más cosmético. Y en última instancia habrá que ver qué efecto tiene todo ello en los aficionados y en la curva de afiliación a un certamen que está de dulce para gracia de Liberty Media, que no deja de firmar contratos y conseguir imposibles. Lo último, que Apple TV y Netflix, dos plataformas de ‘streaming’ que son competencia directa, lleguen a un acuerdo para que ambas puedan ofrecer pruebas concretas, empezando por el Gran Premio de Canadá, en mayo.

