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Gustavo Tovar-Arroyo: Irán y Venezuela: génesis del terror (Parte I)

 

El gran satán

No creerás lo que escribiré, pero es cierto. Ha sido investigado, documentado y recientemente “bombardeado” por los Estados Unidos. No es una teoría conspirativa, es una fijación ideológica cuyo objetivo era acabar con las bases culturales y valores de Occidente, en particular con “El gran satán” (EE.UU.). La historia es larga y fascinante, estoy pensando hacer un documental que la relate. Un documental y una ficción, porque es tan cinematográficamente difícil de creer que amerita una novela para ampliar la imaginación.

Después del nacional socialismo alemán (otro socialismo: el nazi), del socialismo soviético (otro socialismo), el islamismo iraní ha sido la estructura política de terror más atroz del mundo.

Con astucia ajedrecista llegaron a Venezuela para atacar junto al socialismo chavista (otro socialismo, el del siglo XXI) a “satán”.

Ayatolas de la vileza

Irán, la antigua Persia, bajo la tutela despiadada de los Ayatolas se convirtió en la nación más desalmada del mundo, incluso más que la Rusia de Putin. En 1979, tras el triunfo de la Revolución Islámica (otra revolución) que derrocó al Sha Pahlavi y estableció la teocracia (gobierno de Dios) chiita liderada por el Ayatola Jomeini montaron un andamiaje encubierto de terror para causar estragos en EE.UU. Para tal fin, con paciencia de jugador de ajedrez (Persia inventó el ajedrez) escogieron a Venezuela como su santuario para atacar.

El más traidor de todos los traidores venezolanos: Hugo Chávez, les concedió el país como base antiamericana. Así llegaron Hezbolá, Hamás y el terrorismo islámico a la nación de Bolívar.

Nada más distinto a la venezolanidad que el islamismo, pero Chávez lo instaló y lo promovió para esclavizarnos.

El pacto oscuro

Bajo las sombras de una temible noche histórica, el pacto entre Irán y Venezuela se fundó como una amenaza funesta para América Latina, EE.UU. y Venezuela. No fue sólo una alianza estratégica, fue un atentado directo contra los valores occidentales. Juntos, Chávez (posteriormente Maduro lo robusteció) y sus socios iraníes conspiraron para minar la libertad y la democracia en la región, sumieron a Ecuador, Bolivia, Nicaragua en autoritarismos y a Argentina, Brasil y Uruguay en nichos de control político (y corrupción).

Venezuela ofrecía un santuario criminal, además de petróleo, su estratégico territorio y pasaportes; Irán ofrecía inteligencia, tecnología militar, redes clandestinas y terror (su mejor arma política).

Sus objetivos conspirativos parecían imbatibles hasta la llegada del presidente Trump, que los enfrentó sin clemencia.

Un bombardeo de razón

Así nació el extraño eje entre la teocracia persa y el narcosocialismo chavista: dos sistemas opuestos en apariencia, pero unidos por un odio ideológico contra EE.UU. Durante años se establecieron rutas clandestinas entre Caracas y Teherán. Vuelos sin pasajeros visibles, cargamentos inciertos, hombres sin nombre. Se engendró un peligroso corredor de sombras y terroristas, varios de ellos penetraron en la nación americana como inmigrantes ilegales. Irán logró su objetivo: adueñarse de Venezuela.

Pero los imperios del miedo siempre olvidan algo: la historia no tolera indefinidamente el terror. Trump dijo basta, lo hizo con visión y fuerza. Mucha fuerza. El giró fue bíblico.

La razón bombardeó a Venezuela y extrajo al criminal Nicolás Maduro espectacularmente para llevarlo a prisión en Nueva York.

Venezuela después del veneno terrorista

Con el encarcelamiento de Maduro, cayó el tirano pero no la tiranía. La administración Trump ha decidido conservar el aparato político para desmontarlo gradualmente. Eso sí, como buen “conquistador” ha logrado que sus colonizados chavistas, obsecuentes hasta el asco de genuflexión, le regalen todas las riquezas de Venezuela con furor. El chavismo se hincó a EE.UU., sin embargo, la cultura terrorista islámica permanece instalada en la nación, hay que desmantelarla; causó y causará mucho daño.

Venezuela no sólo deberá reconstruir su economía y su democracia, deberá extirpar de su vida política y cultural el veneno ideológico que el chavismo importó desde Irán.

El islamismo radical nunca fue venezolano ni lo será. Fue una infección geopolítica. Y como toda infección, deberá ser erradicada.

Estados Unidos lo entendió bien y actuó…

(Continuará)

Gustavo Tovar-Arroyo   @tovarr 

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