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La Organización Mundial de la Salud ha definido la cobertura universal en salud como “el acceso de todas las personas a toda la gama de servicios de salud de calidad que necesitan, cuando y donde los necesitan, sin tener que sufrir dificultades económicas por ello. Abarca todos los servicios de salud esenciales, desde la promoción de la salud hasta la prevención, el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados paliativos a lo largo de la vida.”
Para Venezuela es un requisito indispensable, que los debates y ejecución de los nuevos paradigmas en salud, impliquen jugar limpio y a la democracia, para que, en un orden institucional con nuevos actores, se puedan diseñar e implementar entonces, políticas públicas y planes con esta visión.
Las premisas son (como es de esperar) muy particulares, por lo que conlleva a colocar sobre la hoja en blanco que el sistema no debe tener prioridades (garantía de cobertura), todo es prioritario. Esto nos asegura dos perspectivas de gestión interna: que situaciones tales como un brote de enfermedad o alerta epidemiológica, catástrofes naturales o emergencias mundiales, se tratarán con protocolos específico y rigor científico. Por otra parte, la ausencia de prioridades es un indicador de que el sistema conserva su capacidad.
No existen jornadas: el sistema se regula. En concordancia con las premisas anteriores, revela que si el sistema sanitario se “autoregula”, es eficiente, se consolida, aumenta sus capacidades y satisfacción de la población, según su diseñado, bajo monitoreo constante e indicadores de desempeño; entonces ese sistema no necesita jornadas de la naturaleza que sean: de vacunación (salvo aquellas para promocionar las inmunizaciones), de despistaje de enfermedades, de asistencia ni ninguna otra actividad de parche.
Las personas abonan inadvertidamente y automáticamente: el sistema no se detiene, se sustenta continuamente. Este quizás es el punto más resaltante de la planificación, es la búsqueda de fuentes de financiamiento y quién administra, porque la cobertura universal es costosa.
Es aquí donde se presenta el mayor desafío, un cambio disruptivo al establecerse los tres niveles de organización: 1) Nivel estratégico, rector, constituido por un «Ministerio Pequeño» pero fuerte, con sus subsistemas; por ejemplo, en el caso de los medicamentos y otras tecnologías sanitarias: el subsistema nacional de regulación sanitaria (Sistema Regulatorio Nacional). 2) Nivel prestador: involucra al subsistema de aseguramiento: aquí se encuentran las cajas de salud, seguros, fondos de compensación entre otras fuentes de financiamiento. Su administración no depende del gobierno central. 3) Nivel Operativo: los proveedores de salud: red de hospitales, clínicas, ambulatorios, farmacias entre otros establecimientos de salud, ninguno con la distinción de sistema público o privado.
Como suele ocurrir en estos casos, se trata de lineamientos donde cada país debe desarrollar su sistema. La OMS, una vez establecida la meta e impulsar dicha campaña, se limita a emitir recomendaciones y documentos técnicos relacionados en materias específicas. Adicionalmente, se encarga de publicar informes mundiales y datos observacionales. Un presupuesto bueno no objetable para dedicar a la salud se aproxima al 6% del PIB, siendo cantidades superiores mejores en el sentido de la disponibilidad de recursos.
Plantear este análisis y propuesta desde una perspectiva sencilla, requiere la visión de que los venezolanos cuenten con acceso a los servicios sanitarios de manera confiable; es decir, que la clave aquí, además de lo beneficioso del sistema, su calidad y eficiencia, sea sostenible.
Con una visión establecida y conociendo la experiencia nacional en cuanto a su doctrina sanitaria: ¿tenemos un gasto público en salud inferior al deseado o recomendado por instituciones de referencia o sistemas exitosos? ¿Existe o ha existido en el país, un uso eficiente de los recursos? ¿Existe un uso racional de medicamentos y otras tecnologías sanitarias? ¿Se conecta la industria farmacéutica nacional con el sistema de salud o solo se presenta para colocar en el mercado millones de unidades de productos? ¿Es viable la estructura organizacional sanitaria de Venezuela? ¿Es inteligente la cultura organizacional de la salud pública en Venezuela?
La gestión del sistema es el cerebro de la institución, comité, consejo o cualquier otra estructura de dirección a nivel nacional. Esta permite seguir la productividad en términos de atención, resolución y mantenimiento; el crecimiento ordenado y la disminución de costos. El nuevo sistema sanitario no es una tarea de estética administrativa, sino una urgencia ética. Al definir estos tres niveles de organización, estamos trazando la hoja de ruta para pasar de un modelo de supervivencia a un modelo de eficiencia.
Sin embargo, ninguna estructura se sostiene sin un andamiaje legal que la blinde frente a la volatilidad política y económica. En la próxima entrega, se profundizará en el Código de Instrumentos Legales, las fuentes de financiamiento y administración disruptivos y el detalle operativo del nivel prestador.
@abrahamsequeda
