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Fernando Luis EgañaOpinión

Fernando Luis Egaña: El camino corto

Después de la llamada extracción, se presentó la encrucijada del camino corto o del camino largo, para impulsar el renacimiento democrático.

El camino corto era, y sigue siendo, la validación de la soberanía popular que eligió, por abrumadora mayoria a Edmundo González Urrutia, con el fundamento de la enorme fuerza social de María Corina Machado.

González Urrutia anunció que nombraba a María Corina como vicepresidente. Vindicada la soberanía electoral empezaría un nuevo ciclo, con nuevas posibilidades para que la voluntad del pueblo guiara los destinos inmediatos del país.

El camino corto no está excento de peligros, retos y desafíos. Pero éstos son connaturales a cualquier transición del despotismo a la democracia.

Se ha impuesto el camino largo. La soberanía nacional sigue estando preterida. Acaso tanto o más que antes. Mientras más largo sea el camino, más incierto será en cuanto a los fines que la nación anhela: un cambio verdadero para que seamos los protagonistas del renacimiento efectivo de la democracia.

No debe ser que jefes de corporaciones petroleras estén por encima de la Constitución formalmente vigente. La población, y no ellos, deben pavimentar el camino del cambio.

Se dirá que estas líneas expresan un ideal ingenuo, alejado de la «real politik». Puede ser. Pero ello no es motivo para la resignación. Al contrario, es desde la realidad donde se nutre y crece el ideal.

Si se descarta el camino corto, seguiremos bajo la egida despótica y depredadora del camino largo. No se quiere maquillaje o cirugías plásticas. No. Se quiere soberanía, libertad y justicia. Es decir: el renacimiento de la democracia fundada en la voluntad del pueblo.

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