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El torturador y sus víctimas por Ángel LombardiOpinión

El torturador y sus víctimas por Ángel Lombardi

El torturador y sus víctimas podría haberse titulado la excelente película iraní “Un simple accidente” (2025) de Jafar Panahi. También sería un título adecuado El odio, la venganza y el perdón, o simplemente Humano, demasiado humano. La historia universal y la historia de cada país registran, en algún momento, el hecho monstruoso de Caín asesinando a su hermano Abel. La existencia de victimarios y víctimas es tan frecuente y recurrente que casi siempre se trata de olvidar o borrar de la memoria.

Por eso algunos, de buena fe, quieren «borrar» el Helicoide. Convertido en centro comercial, cultural o deportivo, con el paso del tiempo —y una vez muertos quienes allí torturaban, maltrataban e igual sus víctimas— condenarían al olvido en la memoria y consciencia colectiva este emblemático centro del horror carcelario. 

En contraste, los judíos, milenariamente perseguidos, después del genocidio del Holocausto nazi no olvidaron ni quieren olvidar la Shoah, y para ello crearon los Museos de la Memoria. No lo hicieron por odio o venganza, sino para no olvidar y como pedagogía para no repetir esos horrores.

La película plantea magistralmente esta compleja problemática en una historia sencilla que gira en torno a unos pocos personajes: el torturador, su familia y cuatro de sus víctimas. La trama transcurre en el Irán teocrático actual, una dictadura político-religiosa en una sociedad que, como muchas de nuestras naciones latinoamericanas, se encuentra a medio camino entre la modernidad y el medievo; entre el desarrollo y el subdesarrollo, entre democracias precarias y feroces dictaduras.

Esta obra resulta muy oportuna en Venezuela, donde estamos intentando salir de una larga dictadura y se mantiene en discusión una Ley de Amnistía que plantea, más que justicia, equidad y reparación, el «perdón y el olvido». No se quiere odio ni venganza, pero sí una recta aplicación de la ley y minimizar la impunidad para que no se repitan las atrocidades cometidas. Nunca una película fue más oportuna para educarnos a todos: víctimas y victimarios.

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