
En el Atlántico Norte, una región delimitada por Miami, las islas Bermudas y Puerto Rico se ha consolidado como uno de los mayores enigmas modernos. El Triángulo de las Bermudas es escenario de desapariciones inexplicables de barcos y aviones, relatos de fenómenos extraños y teorías que van desde lo sobrenatural hasta lo científico.
Por Infobae
Desde los registros de Cristóbal Colón hasta la trágica desaparición del Vuelo 19, el magnetismo de esta zona cautiva a exploradores, investigadores y al público, alimentando una leyenda que desafía la razón y los avances de la ciencia.
Los primeros signos: entre exploradores y navegantes
Los orígenes de la leyenda se remontan a los tiempos de la exploración europea. Cuando Cristóbal Colón cruzó este sector del Atlántico en su travesía hacia América, reportó extrañas lecturas en la brújula y fenómenos luminosos inexplicables en la superficie del mar.
A lo largo de los siglos siguientes, marineros y comerciantes transmitieron historias de barcos desaparecidos sin dejar rastro, tormentas inesperadas y comportamientos erráticos de los instrumentos de navegación. Sin embargo, recién en 1964 el mito obtuvo su nombre definitivo: el escritor Vincent Gaddis utilizó por primera vez el término “Triángulo de las Bermudas” en un artículo para la revista Argosy. Inspirado en casos recientes y antiguos, Gaddis sentó las bases para la popularización de una narrativa misteriosa que se instalaría con fuerza en la cultura popular.
Desapariciones emblemáticas: el caso del Vuelo 19

Si bien la zona acumulaba numerosas desapariciones, el gran salto a la fama del Triángulo de las Bermudas llegó con el caso del Vuelo 19, ocurrido el 5 de diciembre de 1945. Aquella tarde, cinco bombarderos TBM Avenger de la Marina de Estados Unidos, con 14 tripulantes, partieron de la base de Fort Lauderdale en una misión de entrenamiento rutinaria. Al mando del teniente Charles Taylor, los aviones pronto comenzaron a experimentar problemas de navegación. Taylor reportó: “Mis brújulas no funcionan”. La situación se tornó caótica y la tripulación se desorientó, alejándose cada vez más de la costa.
La desesperación creció en las comunicaciones: “No sabemos dónde estamos… todo es… no podemos distinguir nada. Creemos estar alrededor de 225 millas al noreste de la base”. Finalmente, no pudieron retomar el rumbo y todos desaparecieron en el Atlántico, acompañados por el silencio radial. Un avión PBM Mariner, enviado en misión de rescate, desapareció con 13 tripulantes a bordo tras una explosión observada desde un barco cercano. La búsqueda, que movilizó numerosos recursos aéreos y navales, no arrojó resultados.
El informe oficial atribuyó el desastre a un error del piloto, pero ante reclamos familiares, la Marina lo modificó a “causas o razones desconocidas”, lo que abonó aún más la leyenda. El episodio quedó grabado como el misterio más icónico de la región.
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