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José Gregorio "El Gato" BriceñoOpinión

El ministerio de la Defensa se muda al Helicoide: ascenso al torturador mayor, por José Gregorio «El Gato» Briceño

Cuando un sistema de gobierno se desempeña como dentro de un búnker, la lealtad no es un valor, es simplemente un seguro de vida y optan por enroscar los cargos como quien baraja las mismas cartas marcadas, pensando que el país no se da cuenta del truco. Pero ojo, que ahora es diferente la razón de estos enrosques y es que estos movimientos provienen del miedo, no de la soberbia como antes y se traducen en un cambio de oficina, del tenebroso Helicoide, al ministerio de la Defensa. Haremos una autopsia a esa maña que tiene este regímen de cambiar el hueso pero dejar al mismo perro cuidando la finca.
Tambien me suena a que es una afrenta de la nueva «lacaya del imperio» Delcy Eloína, ya que es demasiado obvio quién es este verdugo reciclado, el torturador mayor.
La destitución del ministro de Defensa Vladimir Padrino López, siempre una ficha
subordinada al llamado Cartel de los Soles y su reemplazo por el General Gustavo González López no cambia en absolutamente nada la situación de Venezuela. Al contrario, los actores criminales que controlan el Estado consolidan aún más su posición. Quien llega no es un outsider ni un reformador, es el mismo engranaje con otro nombre. El expediente de González López no deja margen para la duda. Fue director del despacho de Diosdado Cabello cuando este ejerció como gobernador del estado Miranda en 2004. Durante más de dos décadas ha sido el hombre de confianza, el ejecutor fiel, el brazo operativo del hombre fuerte del chavismo. Una lealtad de esa naturaleza no se construye sobre principios institucionales, se forja en complicidades que atan a quienes las comparten de por vida. Cuando González López llegó a la dirección del
Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) el aparato de represión del régimen adquirió un perfil más letal. No tardaron en llegar las evidencias. El 15 de enero de 2018, González López ejecutó la orden directa de Diosdado Cabello: la masacre de El Junquito, donde fueron asesinados Oscar Pérez y sus compañeros, incluyendo una mujer embarazada después de haberse rendido. La ejecución extrajudicial de quienes ya habían depuesto las armas no fue un exceso aislado. Fue una operación planificada, una demostración de poder, una advertencia al país. Nueve meses después, en octubre de ese mismo año, el concejal Fernando Alban fue detenido en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Pocas horas más tarde, bajo custodia del SEBIN en las instalaciones de Plaza Venezuela, en Caracas, su cuerpo cayó desde el décimo piso del edificio. El régimen alegó un intento de fuga. Las investigaciones posteriores, nacionales e internacionales, establecieron con claridad lo que en realidad ocurrió: fue lanzado. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, creada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ha señalado directamente la responsabilidad de González López en la cadena de mando de organismos de seguridad, específicamente el SEBIN, involucrados en detenciones arbitrarias, torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes.
No es una acusación del Gato Briceño, es la conclusión de un proceso de investigación con estándares jurídicos internacionales. Organizaciones como PROVEA y los testimonios directos de víctimas vinculan a González López con la gestión de centros de detención, entre ellos el tristemente célebre Helicoide, donde se han documentado sistemáticamente métodos de tortura física y psicológica destinados a obtener confesiones forzadas y neutralizar a la disidencia política. A él se le atribuye también responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales de cerca de diez mil venezolanos, crímenes que habrían sido ordenados desde el entorno inmediato de Diosdado Cabello. La reapertura de la embajada de Estados Unidos en Caracas y la presencia operativa de la inteligencia norteamericana en suelo venezolano no son gestos menores. El régimen lo sabe. Ya no se observa con la misma frecuencia ni la misma impunidad la tristemente famosa Operación Tun Tun, el operativo nocturno de Diosdado Cabello concebido para sembrar el terror y el silencio en los hogares venezolanos. Desde la cárcel del exilio veo con estupor y me asquea el curriculum macabro de estos desgraciados, herederos del traidor mayor,  hoy felizmente difunto, sigo pensando y sufriendo por el pueblo venezolano, sometido durante años a un agotamiento calculado, pero que gracias a Dios está dando señales de haber recuperado algo fundamental: el coraje, ya que el miedo, el arma más poderosa de cualquier dictadura, ha comenzado a perder su filo. A eso se suma una crisis económica que ya no tiene ningún eufemismo capaz de disimularla, la situación material de millones de familias es, sencillamente, insostenible.
Soy de los que creen que, pasadas las próximas semanas, la calle se calentará. Y que ese calor podría acelerar desenlaces que, tarde o temprano, Venezuela necesita transitar. Los cambios cosméticos en los altos mandos militares no engañan a nadie que observe con seriedad. Mientras el poder real permanezca en manos del Cartel de los Soles, independientemente de qué general ocupe qué despacho, Venezuela seguirá siendo un Estado secuestrado. Pero los imperios del terror tienen una debilidad estructural: dependen del miedo para sostenerse. Y cuando ese miedo se agota, lo que viene después será una historia para la paz en mi país.
Que hagan las vueltas que quieran, ya el camino se está despejando hacia la libertad, seguimos desde esta trinchera con la fuerza intacta y los ojos llenos de proyectos y cosas buenas para mi patria.
¡Acción y progreso por Venezuela!
Hago llamado que es para todos a apoyar a los PENSIONADOS Y JUBILADOS
#VamosMañanaPaLaCalleOtraVez
José Gregorio Briceño Torrealba
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