La meta de los sindicatos de trabajadores en Caracas era clara: marchar desde Plaza Venezuela hasta el Palacio de Miraflores para exigir mejoras salariales y laborales. Sin embargo, a primeras horas del jueves 9 de abril apareció un obstáculo tras otro que reflejaba un esfuerzo por evitar que ese objetivo se cumpliera.
Los alrededores del Palacio de Miraflores amanecieron cerrados y los accesos a Puente Llaguno completamente bloqueados para peatones y vehículos. Incluso desde la madrugada se instalaron tarimas y carpas en la zona.
Un importante despliegue policial y militar fue evidente tanto en los alrededores del palacio presidencial como en gran parte del centro de la ciudad.
Llegar a Plaza Venezuela también representó una odisea: líneas de Metrobús suspendidas, rutas de autobuses modificadas por los cierres viales y alta afluencia en el Metro de Caracas.
Las trabas no detuvieron a los manifestantes, los trabajadores y pensionados se concentraron puntualmente en el lugar pautado desde las 9:00 am, con banderas y la convicción de caminar para exigir sus derechos. A pesar de que la concentración fue en la capital, llegaron manifestantes de otros estados, como María Escalona, que subió desde La Guaira con la intención de exigir sueldos dignos y cambios reales en el país.

“Todos tenemos que salir a la calle a apoyar la causa, a apoyar la libertad. Estamos aquí defendiendo nuestros derechos que nos corresponden como ciudadanos venezolanos”, dijo María para El Diario.
La pensionada pidió no olvidar la causa por la liberación de los presos políticos en el país y recordó la importancia de apoyar a las familias que aún esperan las liberaciones plenas a través de la Ley de Amnistía y Convivencia Democrática.
“Nosotros estamos aquí calentando la calle y no nos van a callar. Ya no hay miedo, el miedo se acabó”, expresó.
Las horas pasaron a la espera de más manifestantes. Quienes ya estaban en Plaza Venezuela gritaban de un lado a otro que venían más personas en camino, pero que “todo estaba trancado”.
A cinco minutos para las 11:00 am arrancó la movilización en dirección al oeste de Caracas, al pasar por el frente de una de las sedes del Poder Electoral, las personas aprovecharon de gritar “elecciones libres” y “esta vez no nos las van a robar”.
“Pedimos transparencia y unas elecciones libres porque las del 28 de julio (de 2024) nos la robaron. Por eso seguimos aquí en defensa de nuestro país, en defensa de nuestros hijos, de nuestras familias que están pasando hambre por un sueldo que no es digno para comprar una canasta básica”, indicó.
Un salario digno es el primer paso
Un sombrero tricolor con la palabra “Venezuela” protegía del sol a Josefina Serrano, jubilada de la Cancillería, quien fue a la concentración acompañada de una pequeña pancarta con letra cursiva que rezaba: “El futuro de Venezuela se escribe con salarios constitucionales”.
Josefina contó al equipo de El Diario que la situación del país la ha llevado a pasar siete años sin ver a su único hijo, quien migró en 2018 y formó su propia familia fuera de Venezuela. Confesó que él es quien la apoya económicamente desde el exterior porque el pago que le corresponde por su jubilación es insuficiente.
“Mi deseo es que nos den unas pensiones dignas acordes al precio de la canasta básica. Con el salario que tenemos no solamente no tenemos acceso a comida, tampoco a medicinas ni recreación, con eso no podemos subsistir”, explicó.
Agregó que aprecia el apoyo de su hijo, pero anhela volver a ser independiente financieramente. Mencionó las declaraciones que dio la noche anterior la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien invitó a los venezolanos en el exterior a volver para trabajar por el país.
“Llama a quienes están afuera a que regresen para ganar 130 bolívares, pero ellos se fueron porque no les alcanzaba, porque necesitaban sobrevivir y mandarle a sus familias, es algo que no tiene sentido”.
Admitió que le duele pedirle a su hijo que no regrese, pero considera que las condiciones en el país aún no son las adecuadas para que vuelva. “El quiere regresar. Él luchó siempre por estos cambios, pero todavía no se han dado”.
Insistió en que quienes sí están en el país deben sumarse a la lucha de los trabajadores y los pensionados en cada una de las convocatorias.

La marcha continuó su camino por el extremo sur del parque Los Caobos y cada ciertos metros se concentraban grupos de policías antimotín atentos a que los manifestantes no tomarán vías alternas. A pocos metros otra convocatoria impulsada por el Partido Socialista Unido de Venezuela y por su secretario general, Diosdado Cabello, se concentraba también con la intención de ir hasta el palacio presidencial.
“También estamos luchando por tu salario, por el de tu familia”, le gritaron varias mujeres a los funcionarios que cerraban los accesos.

Desde el estado Miranda se movilizó el profesor René Zapata, secretario de la Federación Venezolana de Maestros Miranda-Tuy. Su objetivo era llevar hasta la sede de la Presidencia las exigencias de los docentes venezolanos.
“¿Cómo es posible que un maestro cobre 300 o 400 bolívares (menos de un dólar al cambio según en Banco Central de Venezuela) quincenales, porque esos bonos no son salario, a parte nos pagaron 12,50 bolívares de bono de Semana Santa. Le decimos a Delcy Rodrígez que ya dejen la burla y la falta de respeto, porque ese anuncio de ayer fue muy clarito: no dijo un monto, pero al parecer va a ser un aumento de salario paupérrimo”, expresó René Zapata.
Aseguró que el gremio docente seguirá presente en las protestas tanto el 1 ° de mayo como en próximas convocatorias, hasta que el salario llegue a un monto acorde a las necesidades del venezolano. Mencionó que, a su juicio, el primer paso es equiparar el costo de la canasta básica alimentaria.
Varias luchas se unieron
Los mensajes por la liberación de los presos políticos e incluso la búsqueda de cientos de venezolanos desaparecidos también retumbaron en las calles. Evelis Cano se convirtió en el mes de enero en uno de los rostros visibles de la lucha por la libertad de las personas detenidas arbitrariamente en la sede de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) conocida como Zona 7.
A su hijo ya le dieron la libertad plena, pero ella decidió asistir a la marcha porque cree que aún hay muchos pasos pendientes para reconstruir a Venezuela. Quiénes la reconocen la saludan con cariño y le preguntan cómo está ahora en esta nueva faceta.
“Hay demasiada injusticia en mi país y yo no lucho solamente por la libertad de los presos políticos, también por un país mejor, con sueldos dignos para todos los venezolanos y para que haya un cambio completo en Venezuela”, expresó para El Diario.
A medida que los manifestantes se acercaban al centro de Caracas, los obstáculos policiales se volvían cada vez más desafiantes. La marcha tomó un desvío de su ruta original y empalmó con la avenida Bolívar, donde los policías se organizaron para cerrar los accesos hacia la avenida México.

“Avancen, avancen”, insistían los punteros de la movilización mientras se acercaban a la plaza de la Juventud, justo al lado de la Galería de Arte Nacional. Allí la protesta comenzó a dividirse, pues varios de los manifestantes no saltaron las barandas de la plaza y siguieron hasta otra esquina donde encontraron una barrera de funcionarios de la PNB con equipo antimotín.
El grupo, conformado casi en su totalidad por adultos mayores y mujeres, intentó sin éxito convencerlos de que los dejaran pasar para unirse a los que ya habían avanzado por la avenida. La respuesta de los agentes fue empujar en grupo a quienes se acercaron mucho y la insistencia hizo correr a las personas, dispersarse y buscar vías alternas para conseguirse con los otros grupos.
Entre los rezagados estaba un grupo de manifestantes que pedían apoyo judicial para encontrar a familiares y seres queridos desaparecidos.”Soy familiar de cinco personas que están desaparecidas, ellos salieron del país por los bajos salarios, por la mala economía y lamentablemente desde entonces no sabemos de ellos. Desafortunadamente hay 105 venezolanos desaparecidos en condiciones distintas”, explicó Creolys Guerra, una de las manifestantes.
Aseguró que decenas de familias están desesperadas por esta situación y han presentado denuncias en instancias como la Fiscalía General, la Cancillería y distintas embajadas, pero no han recibido respuestas oportunas.
El reencuentro y la violencia
Separados en distintos bloques, los manifestantes se fueron abriendo paso incluso entre las barreras policiales.
Los trabajadores de los negocios entre La Candelaria y La Hoyada, incrédulos pero emocionados, sacaban sus teléfonos para grabar la movilización. En respuesta, una mujer que caminó con la ayuda de una muleta desde Plaza Venezuela les pidió que no grabarán pero que sí se sumaran a la protesta.

En cada esquina se formaba nuevamente un piquete policial, situación tan repetitiva que se adoptó la estrategia de permitir que quienes tuvieran mayor fuerza empujaran los escudos antimotín hasta tratar de abrir un espacio y allí avanzar todos los que pudieran. La escena se repitió una y otra vez hasta llegar a la esquina Dr. Paul, donde la orden a los funcionarios parecía ser impedir el paso a toda costa.
Un tobo de agua fue la primera advertencia a los manifestantes en el sitio y a los periodistas, a quienes le mojaron parte de sus equipos.
Las personas que habían quedado rezagadas se fueron sumando a los punteros después de pasar el edificio de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), pero allí se dieron cuenta de que no podrían avanzar más.
Algunos intentaron mediar con los funcionarios y al no tener respuestas optaron por volver a empujar, intentando mover otra barrera.
“Están lanzando botellas”, gritó una mujer e inmediatamente un grupo corrió en dirección contraria a los policías.

Era la 1:00 pm ya cuando el calor y el cansancio empezaron a ser notorios para quienes habían corrido, cantado y luchado desde Plaza Venezuela hasta ese punto. Las escaleras de la OPSU se convirtieron en sitio de descanso de quienes ya se habían resignado a que no llegarían hasta Miraflores.
Apenas un kilómetro faltó para lograr el objetivo de llevar las demandas y la dignidad hasta la sede del gobierno nacional, esa misma donde la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, explicó lo complejo que resultaba para el Estado brindar un incremento salarial significativo e inmediato.
“Lamentablemente nos volvió a ver la cara de tontos y volvió a decir cuatro mentiras, lo que intenta es ganar tiempo. Te puedes dar cuenta cuando dice que va a tratar de subir un ‘salario responsable’ y a la vez ellos dicen que no hay real para aumentar”, expresó José Ibarra, representante del Sindicato Obrero de la Universidad Simón Rodríguez.
Minutos después, más personas comenzaron a correr hacia otras calles, objetos contundentes y bombas lacrimógenas alcanzaron a manifestantes y reporteros, al menos 10 de ellos reportaron agresiones y robos por parte de la PNB ante el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP).
“Aquí los únicos que tienen derecho a marchar a Miraflores son los oficialistas. Más nadie”, vociferó una mujer mientras se alejaba de lo que quedaba de la marcha. A pocos metros la movilización del PSUV parecía darle la razón, pues estas personas caminaban por la avenida Urdaneta sin obstáculos, sin policías y sin agresiones, teniendo como destino esa tarima instalada en Puente Llaguno.
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