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Delcy Rodríguez y María Corina Machado bajo la lupa global: Solo una logró convencer al capital extranjero

A veces la historia tiene buen sentido del tiempo. En menos de 24 horas, y sin que nadie lo hubiera planeado así, el mundo de las inversiones energéticas pudo ver cara a cara las dos propuestas de Venezuela: la de una lideresa en Houston, presente en el escenario, respondiendo preguntas en inglés ante las empresas más poderosas del sector; y la de una funcionaria en Miami que apareció en pantalla durante 15 minutos, leyó sus cifras, anunció que estaba «a la disposición para las preguntas» y se desconectó.

Por lapatilla.com

El CERAWeek —organizado por S&P Global en Houston— es el foro energético más influyente del planeta. El FII Priority —el brazo del Fondo de Inversión Público de Arabia Saudita— tampoco es un evento menor en la región. Que ambos escenarios coincidieran en la misma semana no fue casualidad del calendario. Que el contraste resultara tan descarnado, en cambio, no sorprendió a nadie que conozca a las dos protagonistas ni la historia que cada una carga.

Houston: un plan con nombre, apellido y número

Cuando María Corina Machado tomó el micrófono en el CERAWeek, la sala sabía quién era. Lo que no sabía — o no había escuchado articulado con esa precisión— era lo que venía. No fue una presentación política. Fue una oferta de negocios.

Empezó por el inventario, porque en ese auditorio el inventario importa: Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo probadas del mundo —más de300 mil millones de barriles—, la séptima reserva de gas natural, más de 30 de los60 minerales críticos en la lista estratégica del gobierno de Estados Unidos, y una ubicación a cinco días de navegación de los puertos del Golfo. Nada de eso era noticia para nadie en esa sala. Lo que vino después, sí.

 

«El Estado venezolano se va a quitar del camino. El sector de petróleo y gas en Venezuela será completamente privado. El papel del Estado será estrictamente como regulador.»
— MARÍA CORINA MACHADO, CERAWEEK, HOUSTON

 

Dicho así, ante las mismas compañías que llevan décadas viendo cómo PDVSA devoraba contratos y expulsaba socios, la frase no fue retórica. Fue una declaración de arquitectura. Y Machado la sostuvo con números: regalías fijadas en 20%, impuesto sobre la renta que arranca en 34% y se indexa al precio internacional del crudo, contratos de 25 años renovables por otros 25, propiedad de la producción desde la boca del pozo, reservas contabilizables, arbitraje internacional para disputas. Y una condición que los operadores llevan años exigiendo sin éxito: los términos fiscales quedarán bloqueados en la firma. Sin cambios retroactivos. Jamás.

Habló de PDVSA sin eufemismos: «está en quiebra. Convirtieron una de las empresas más eficientes del hemisferio en una organización criminal.» La solución es reducirla radicalmente en una primera etapa y luego privatizar toda la cadena — upstream, midstream, downstream. El Estado no opera. Regula.

Hubo un momento que vale la pena detenerse a ver. Fue la propia Machado quien puso sobre la mesa uno de los datos más incómodos que existen sobre Venezuela: que el país ocupa el puesto 143 sobre 143 en el índice de Estado de Derecho del World Justice Project — último lugar del mundo. Lo dijo ella. Sin que nadie se lo preguntara. Y en vez de disculparse o esquivarlo, lo giró:

«Estamos empezando desde cero en la era de la inteligencia artificial. Estamos construyendo estructuras nuevas, con leyes nuevas, no poniendo remiendos sobre textos viejos.»

El inversor que escucha eso no oye un problema. Oye una hoja en blanco. Ese es el tipo de respuesta que no se improvisa — y ese es el tipo de honestidad que genera confianza en una sala llena de gente que ha perdido dinero en Venezuela.

Luego llegó la pregunta que más le importa a cualquier fondo con horizonte de20 años: ¿por qué creer que esta transición será ordenada? Machado no respondió con proyecciones macroeconómicas. Respondió con una historia. Habló de cómo organizaron más de un millón de voluntarios para el 28 de julio de 2024. De cómo, en un país donde el 60% del territorio no tiene internet, tuvieron que mover antenas Starlink, generadores y escáneres dentro de camiones de sandía para que el régimen no los detectara. Sus propios técnicos les advirtieron que en el mejor escenario funcionaría el 80% de los centros de votación.

 

«¿Saben qué pasó? El 100% entregó. Y si ganamos bajo esas condiciones, imaginen lo que pasará en elecciones libres y justas.»
— MARÍA CORINA MACHADO, CERAWEEK, HOUSTON

 

Cuando terminó, la sala aplaudió. Dos veces. Carlos Pascual —quien moderaba el panel y es una de las referencias más respetadas en política energética hemisférica— le dijo que su equipo había hecho los deberes. No era cortesía. Era reconocimiento técnico.

Y lo que ocurrió en el escenario fue apenas la parte visible. Extraoficialmente se sabe que Machado y su equipo sostuvieron en Houston reuniones de alto nivel —en persona, en privado — con directivos de la mayoría de las principales compañías petroleras del mundo. Reuniones que, según fuentes cercanas al proceso, no solo ocurrieron sino que transcurrieron en un tono francamente positivo. Los grandes operadores del sector no están esperando a que Venezuela sea libre para informarse: ya están en conversación directa con quienes van a construirla.

Quién es Delcy, y lo que eso significa

Delcy Rodríguez no llega al FII Priority como una funcionaria cualquiera. Es la cara visible de la continuidad de un régimen que lleva más de dos décadas destruyendo sistemáticamente a Venezuela: primero bajo Hugo Chávez, que desmanteló las instituciones y entregó la industria petrolera a la ideología; luego bajo Nicolás Maduro, que completó el colapso y convirtió al Estado en una estructura de extracción y represión.

Rodríguez fue Canciller, fue Presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente — el instrumento con el que el chavismo enterró la democracia formal — y hoy se presenta como «presidenta encargada» de un gobierno cuya legitimidad no reconocen ni sus propios vecinos regionales. La OFAC la tiene sancionada específicamente por corrupción y violaciones de derechos humanos. No es una acusación política. Es una determinación jurídica con nombre, fecha y evidencia.

Cuando Delcy Rodríguez habla de «entornos propicios para la inversión», lo hace desde el mismo aparato que durante 25 años garantizó exactamente lo contrario. Ese es el contexto que no puede leerse en las cifras de la CEPAL.

Miami: quince minutos en pantalla, sin preguntas

Al día siguiente, en el FII Priority en Miami, Delcy Rodríguez apareció en video llamada. No pudo estar presente. La OFAC la tiene sancionada, lo que le impide pisar suelo americano. Para el auditorio de inversores reunido en esa sala, eso ya es, de entrada, información relevante sobre el riesgo que representa su gobierno.

El discurso tuvo momentos de aparente solidez técnica. Citó a la CEPAL para sostener que Venezuela lidera el crecimiento económico en la región. Mencionó19 trimestres consecutivos de recuperación. Habló de la nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos, de arbitraje, de flexibilidad fiscal. También presentó una nueva ley como señal de apertura — sin mencionar que ese mismo régimen lleva un cuarto de siglo produciendo leyes que luego no se aplican, o que se aplican de manera selectiva según las conveniencias del momento.

Pero hay un problema estructural con todas esas cifras que ningún inversor serio en la sala pasó por alto: el Banco Central de Venezuela dejó de publicar estadísticas económicas oficiales alrededor de 2018 y 2019. Durante años, el régimen operó en un vacío informativo deliberado, sin cifras verificables de inflación, PIB ni producción. Apenas esta semana el BCV retomó la publicación de datos. Eso significa que buena parte de los números que Rodríguez presentó como evidencia de recuperación no tienen respaldo institucional verificable acumulado — son cifras de un gobierno que primero ocultó la catástrofe y ahora pide que se le crea en la recuperación. Para cualquier fondo de inversión con debida diligencia, eso no es un detalle menor. Es una bandera roja.

Afirmó además que Venezuela registra hoy tres homicidios por cada 100.000habitantes —la tasa más baja de América Latina—, una cifra que contra dice frontalmente a prácticamente toda fuente independiente que haya medido la violencia en el país en los últimos años.
Pero lo más revelador no fue ninguna de esas cifras. Fue lo que ocurrió en los últimos segundos de su intervención.

 

«Estoy a la disposición para las preguntas que están por venir. Gracias.»
— DELCY RODRÍGUEZ, FII PRIORITY MIAMI — Y ACTO SEGUIDO, SE DESCONECTÓ.

 

Anunció su disponibilidad para las preguntas. Y se fue. No hubo intercambio con el panel. No hubo momento incómodo que sostener. No hubo nada que no hubiera sido preparado de antemano. Quien busque el registro de esa ronda de preguntas no lo encontrará, porque no existió.

Cerca del final también deslizó una advertencia que los venezolanos reconocen de memoria: dijo que no debería permitirse que «las transnacionales de la comunicación» ocupen el espacio del diálogo entre gobiernos e inversores. Que lo mejor es ir directamente a Venezuela a ver «la verdad».  Es el mismo argumento que el chavismo ha usado durante 25 años: la prensa miente, el régimen tiene la verdad. Que lo usara en un foro de inversores internacionales no es casualidad —es reflejo.

El tablero comparativo

Lo que los inversores leyeron entre líneas

Los fondos, operadores y ejecutivos que estuvieron en ambos foros no necesitan que nadie les traduzca lo que vieron. En el mundo de las inversiones de largo plazo, los detalles pesan más que los discursos. Y los silencios, más que los detalles.

Una lideresa que llega en persona, habla 45 minutos, da números específicos y se que da a responder las preguntas incómodas — sobre PDVSA, sobre el Estado de Derecho, sobre las elecciones, sobre cómo se garantiza que lo prometido se cumpla — envía una señal radicalmente distinta a la de una funcionaria que aparece 15 minutos en pantalla, no puede pisar el país donde se celebra el evento, y se despide antes de que empiece el escrutinio.

En las finanzas, eso tiene nombre: riesgo de contraparte.

Y hay algo más que los inversores con memoria leyeron en el discurso de Rodríguez: ya lo habían escuchado. No las mismas palabras, pero sí la misma música. Durante 25 años, el chavismo les prometió estabilidad, seguridad jurídica, apertura, mecanismos de arbitraje. Y durante 25 años, lo que vino fue exactamente lo contrario: expropiaciones, contratos rotos, empresas vaciadas, socios expulsados. La nueva Ley de Hidrocarburos que Rodríguez presentó como señal de cambio es redactada por el mismo régimen que convirtió la industria en lo que ella misma se abstiene de describir.

Machado, en cambio, fue al foro más exigente del sector energético global y lo trató como lo que es. Habló de números reales, de marcos legales verificables, dela historia sin maquillaje, y de un pueblo que en las condiciones más adversas demostró que no está dispuesto a capitular. Cuando Carlos Pascual le dijo que su equipo había hecho los deberes, no era protocolo. Era la diferencia entre una propuesta y un PowerPoint.

Más que un foro: una radiografía

Esta semana no fue solo un ejercicio de relaciones públicas. Fue, en la práctica, la presentación simultánea de dos modelos de país ante quienes tienen que decidir dónde ponen su capital en los próximos 20 años.

Uno de esos modelos nació del fracaso del otro. Viene con las cicatrices de haber resistido 25 años de destrucción institucional, con el respaldo de un pueblo que demostró en las urnas —dos veces en primarias, una vez en la presidencial— que sabe exactamente lo que quiere. Y viene con un plan que no esquiva las preguntas difíciles porque está construido para sostenerlas.

El otro modelo es la continuación del problema. Lleva el apellido del régimen que heredó Venezuela en ruinas, que vació a PDVSA, que expulsó a los inversores, que quebró las instituciones y que hoy se presenta ante el mundo financiero con estadísticas de la CEPAL y una nueva ley, como si el historial no existiera. Como si Delcy Rodríguez no fuera Delcy Rodríguez.

Pero el historial existe. Y los inversores que estuvieron en esas dos salas esta semana lo saben mejor que nadie.

No hay futuro en la opacidad. El mundo lo vio esta semana con sus propios ojos. Y Venezuela — la Venezuela real, la que resiste y construye — estuvo presente para mostrárselo.

 

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