
En una era dominada por la hiperconectividad y la tecnología, el foco del mal para la salud va mucho más allá del sedentarismo o la mala alimentación. Y es que la dependencia constante del teléfono móvil y, en particular, de las redes sociales, hacen más daño a nuestro organismo de lo que nos imaginamos.
Por La Razón
El experto advierte que, aunque tradicionalmente se asocian los problemas cardíacos con factores como el déficit de sueño o el estrés laboral, existe un hábito del día a día que tiene un impacto directo en la salud y es la sobreexposición digital.
Este comportamiento, caracterizado por la necesidad compulsiva de revisar el móvil de forma continua, estaría generando un estado de alerta permanente en el organismo.
Vivimos en una «economía de la atención», donde las plataformas digitales compiten por captar cada segundo de nuestro tiempo. Esta dinámica provoca una estimulación constante del cerebro que dificulta la desconexión mental.
Impacto directo en el sistema cardiovascular
La exposición continua a estímulos digitales activa de forma sostenida el sistema nervioso, responsable de la respuesta de «lucha o huida». Esto puede derivar en un aumento prolongado de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, factores directamente relacionados con enfermedades cardiovasculares.
Ansiedad, comparación social y desgaste emocional
La necesidad de publicar contenido, recibir validación y observar la vida de otros genera una tensión emocional que, en muchos casos, se traduce en ansiedad crónica. Este tipo de estrés sostenido es especialmente perjudicial para el corazón.
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