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A David Morales, un exmilitar español dueño de una diminuta empresa de seguridad en Jerez de la Frontera, no le tembló la mano cuando el 21 de marzo de 2017 envió este correo electrónico a sus trabajadores: “Me solicitan que levantemos un estudio sobre el personal empleado en la embajada, ayudantes o equipo huésped, visitantes frecuentes del huésped.. Nos informan se sospecha que el huésped está trabajando para el servicio ruso de inteligencia.. Se nos requiere la posibilidad de introducir uno o más micrófonos en el dormitorio del huésped. Estarán camuflados y grabando en tiempo real… Este micro deberá de tener capacidad de transmisión FTP con salida a un servidor con localización segura”.
Por elpais.com
La embajada era la legación diplomática de Ecuador en Londres; el huésped, Julian Assange, el hombre al que semanas antes James Brien, director del FBI había señalado en público como “foco importante de su atención”; el autor del mensaje, un anónimo exmiembro de la Unidad de Operaciones Especiales de la Armada, cuya compañía se ocupaba de la seguridad de la representación ecuatoriana en la capital del Reino Unido. Allí, había encontrado refugio el fundador de Wikileaks acosado por problemas judiciales y protegido por el Gobierno de Rafael Correa.
Decenas de correos intervenidos a Morales y a sus trabajadores demuestran el espionaje al que se sometió al activista australiano y a sus abogados cuando preparaban su defensa frente a la Justicia de EE UU que le pedía una pena de 175 años de cárcel por las informaciones de material clasificado de operaciones militares secretas en Afganistán e Irak.
Una investigación de EL PAÍS, publicada en 2019, desveló los audios, vídeos e informes de esta operación de espionaje para la CIA. Semanas después, Morales fue detenido y desde entonces ha estado en libertad provisional. Tras seis años de investigación judicial el dueño de UC Global S.L se enfrentaba a penas de entre 13 y 20 años de prisión reclamadas por la fiscalía y por Assange. Pero a pocos meses de la celebración de su juicio, el principal implicado en esta oscura historia acaba de fallecer víctima de una enfermedad. Michel Wallemacq, su jefe de operaciones,se sentará en el banquillo. Las acusaciones le piden hasta cinco años de cárcel.
A los comprometidos correos que enviaba a sus empleados se suma el testimonio de tres testigos protegidos, extrabajadores de su empresa que afirman que su jefe les confesó que trabajaba para la CIA, y sus constantes viajes a EE UU. Un alud de pruebas e indicios que le pondrán contra las cuerdas en el próximo juicio oral. Morales lo negó todo.
Un viaje a Las Vegas
Todo empezó en enero de 2016 durante un viaje a la feria de seguridad Shot Show en Las Vegas (EE UU). Allí, el exmarine, conoció a Brian Nagel y a Zohar Lahav, entonces jefes de seguridad de Las Vegas Sands Corp, el casino del multimillonario norteamericano Sheldon Adelson, generoso donante del Partido Republicano y amigo del entonces candidato a la presidencia Donald Trump. Nagel, era un cualificado exmiembro del servicio secreto estadounidense. Nadie conocía la pequeña consultora de seguridad que dirigía Morales en Jerez de la Frontera, pero los ojos de Brian y de Zohar se iluminaron cuando les contó que se ocupaba de la seguridad de la Embajada de Ecuador en Londres, en el número 3 de Hans Cres, un edificio de ladrillo rojo que acogía al fundador de Wikileaks. El activista australiano se había convertido en uno de los objetivos prioritarios de la inteligencia de EE UU.
“Me he pasado al lado oscuro”, “vamos a jugar en primera división”, confesó eufórico el director de UC Global S.L. a sus trabajadores al regresar de aquel viaje. “No deberías pasar información al bando opuesto”, le reprochó uno de sus informáticos. Morales abrió su camisa y respondió: “Soy un mercenario y voy a pecho descubierto”, recuerda este exempleado. Era el inicio de una relación con un enigmático “cliente americano” que cada día exigiría más.
Contratos y el yate ‘Queen Miri’
El pago se haría mediante contratos. “Me lo comentó (Morales) abiertamente, que tenía contacto con los amigos americanos, en este caso con la CIA, y que no nos pagaban, que la intención era coger contratos[..] Que él iba a pasar información a cambio de contratos”, ha declarado el testigo protegido número 2.
Tras aquel viaje a la feria de Nevada, llegó el primer contrato: la supervisión de la seguridad que el equipo de Adelson daba a su yate My Queen Miri cuando el barco cruzaba el Mediterráneo. UC Global S.L. lo suscribió con Sira Company Ltd, con sede en el paraíso fiscal de las Islas Caimán. Pero la cubierta de ese barco solo la pisaría Morales porque la embarcación disponía de un amplio equipo de seguridad. “Es sorprendente[..] Nos pedían un solo operador, a todas luces aquello no tenía mucho sentido” afirma el mismo testigo protegido.
Los mosqueteros
Para espiar al fundador de Wikileaks, a sus abogados, visitantes, médicos y hasta el personal de la embajada, Morales creó una unidad. La lideró Michel Wallemacq, hombre de su confianza. De él dependían técnicos informáticos y de comunicaciones, entre ellos los ahora testigos protegidos. Para comunicarse crearon en Signal el grupo “los 3”. Desde allí, “los mosqueteros”, como les llamaba Wallemacq, canalizaban las órdenes del dueño de UC Global S.L.
Este equipo fue el encargado de cambiar, en diciembre de 2017, las cámaras de la embajada y tramitar la compra, a través de la empresa Espiamos.com. Las nuevas deberían contar con un audio integrado y oculto. Al personal de la embajada se le enmascaró esta modificación.
El nuevo sistema de video vigilancia podía retransmitir por streaming (online) de forma que “los clientes americanos” tuvieran acceso en tiempo real a todas las grabaciones en cada esquina de la embajada. Seis meses antes, el 23 de junio de 2017, empezaron las primeras gestiones. El correo enviado a Espiamos.com por uno de los empleados decía así: “tal y como te comenté por teléfono, necesitamos que las cámaras interiores dispongan de un micrófono para realizar escuchas interiores [… el cliente quiere tener en streaming control de las cámaras […] nos vemos en la necesidad de disponer de un servidor de almacenamiento donde se pueda rescatar las grabaciones anteriores para su análisis[..] Todo esto, por supuesto, teniendo el más alto nivel de seguridad para el acceso y manipulación”.
