
Aunque el huevo y el conejo aparecen cada año en decoraciones, regalos y dulces durante la Pascua, pocos conocen el verdadero origen de estos símbolos. Un sorprendente recorrido histórico y cultural llevó a estos elementos a convertirse en íconos de la celebración, atravesando tradiciones paganas, creencias religiosas y costumbres populares.
Por Infobae
Celebrada en distintos rincones del mundo, la Pascua ocupa un lugar central en el calendario cristiano por su profundo significado: conmemora la resurrección de Jesucristo, un acontecimiento que marca el corazón de esta tradición y reúne a millones de fieles cada año.
En numerosos hogares, los huevos decorados y el conejo de Pascua no solo adornan mesas y jardines: representan una mezcla de tradiciones que va más allá de la liturgia. Estos símbolos reúnen creencias cristianas, huellas paganas y costumbres asociadas con la llegada de la primavera en el hemisferio norte, conformando una iconografía tan diversa como antigua.
A partir del siglo XIX, Francia y Alemania impulsaron una transformación clave en la tradición pascual: la llegada de los primeros huevos de chocolate. Esta reinterpretación material de los símbolos antiguos convirtió una costumbre devocional en un ritual moderno, dando origen a una de las prácticas más arraigadas de la festividad. El huevo de chocolate no solo renovó la forma de celebrar la Pascua, sino que consolidó su protagonismo en la celebración, diferenciándose de la mera continuidad simbólica que subsistía en otras regiones de Europa.
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