
Hacer frente al chavismo implica riesgos penales, económicos y psicológicos. Por desafiarlo, hay gente que ha perdido sus propiedades, la libertad o la vida. Y aun así hay gente que se atreve a correr los riesgos, convencidos de que es una batalla moral que merece la pena librar. «El coste personal ha sido muy alto y doloroso», asegura Magalli Meda a ABC. «Pero nunca imaginé que sería a través de un daño tan grande a la familia».
Por Andrés Gerlotti Slusnys / abc.es
Meda es la principal colaboradora de María Corina Machado. Es una de las fundadoras del partido Vente Venezuela. Una fuerza que el Gobierno ha marginado sistemáticamente de cualquier proceso electoral, pero que hoy representa la primera opción política del país. Desde que el chavismo ordenó su captura, acusándola de terrorismo y traición a la patria, Meda ha pasado los últimos años refugiada entre el asilo en la Embajada argentina en Caracas y el exilio. Tras varios meses bajo el asedio de la Policía política en dicha sede diplomática y la inacción de la comunidad internacional, Meda logró fugarse. Su familia sospechaba que Diosdado Cabello tenía intención de asesinarla.
El castigo se extiende a su círculo íntimo, que también tuvo que escapar de un día para otro de Venezuela, dejando atrás sus vidas y sus trabajos. El Estado se incautó de su vivienda y del domicilio de su madre. «Tengo una foto de ayer donde hay un tipo sentado en la casa de mi mamá», relata. «Eso es doloroso para una mujer de 79 años, donde están los recuerdos de mi padre fallecido». También los de toda una vida. Meda reconoce casos peores, «y por eso estamos trabajando», afirma. Menciona a jóvenes asesinados y a presos políticos con emergencias médicas obligados a comparecer ante tribunales telemáticos minutos antes de entrar a un quirófano. «Es inhumano todo lo que hacen», sostiene. Define al régimen como un «cártel» y un «sistema criminal» que aplica el «terrorismo de Estado desde el poder».
—Siendo un sistema criminal, ¿por qué creer que el chavismo se desmantelará a sí mismo? ¿Cuál es su motivación?
—La única que hay: Maduro está en una cárcel federal. Delcy Rodríguez tiene presión para entregar el poder. Ya entregó a Alex Saab y a Raúl Gorrín. Y la lista es larga. Ella hace lo que le piden porque la amenaza es real.
—¿Qué opina sobre la ley de amnistía?
—Venezuela es un país secuestrado. Si esa ley sirve para sacar a un ser humano inocente de la cárcel, la usaremos. Sabemos que es una burla. El oficialismo pretende autoperdonarse por años de violaciones a los derechos humanos. No reconocemos al secuestrador, pero acatamos la medida si eso ayuda a salvar vidas.
Meda rechaza las etiquetas. «Yo no soy política», afirma, pero tiene un recuerdo nítido del momento que detonó su necesidad de involucrarse para cambiar la realidad. Fue en el año 2001. Entonces dirigía una productora audiovisual y trabajaba para canales de televisión. Una tarde llevó a sus dos hijos pequeños a un parque infantil, cuando tres hombres armados la interceptaron y le arrebataron a los menores. Por suerte, el coche en el que planeaban escapar tuvo un fallo mecánico. Meda forcejeó con los secuestradores durante quince largos minutos hasta recuperar a sus hijos. «Fue una cosa de verdad dantesca», recuerda.
Finalmente los delincuentes escaparon, pero el evento dejó una profunda huella en ella. Comenzó a fundar y participar en movimientos ciudadanos que exigían al entonces presidente Hugo Chávez más seguridad, en un país en el que las bandas criminales tenían cada vez mayores oportunidades para proliferar.
En 2010, Meda se unió al equipo de Machado. Su experiencia audiovisual la involucró en la campaña mediática cuando Machado se lanzó como candidata a diputada. Desde entonces, ha dedicado su vida a ese proyecto de país. «Mi obsesión para Venezuela es una democracia plena: todos los partidos políticos legitimados, todos los equipos políticos trabajando en la calle. Un país de opciones y oportunidades. Un país de meritocracia, especialmente en la política y en la gestión pública».
Esa obsesión democrática tiene una cara amarga. A nivel personal y de liderazgo político, el coste emocional ha sido inmenso. Meda es una mujer que habla con vigor, pero al ser preguntada por el momento más difícil de esta lucha, baja el tono y no puede evitar que su voz se quiebre. «Sentirte responsable de tanta gente que se involucró en el proyecto y que se llevaban y se llevaban; que tu familia lo perdiera todo… Escaparme de la embajada fue un riesgo personal de vida o muerte, pero fue mi riesgo. Eso no es tan grave como sentir que tus decisiones acarrean algo muy doloroso para tanta gente. Cuando yo escogía a un jefe de campaña, saber que yo lo escogí y a esa persona la desaparecieron y ver a su familia sufrir, eso es una carga muy pesada…».
Sin embargo, ese peso contrasta con la firmeza de su equipo. Meda relata con asombro cómo los miembros de Vente Venezuela retoman su activismo apenas recuperan la libertad. «Que se pongan la camisa de Vente cuando todavía el sistema y el modelo criminal no ha terminado de caer, impresiona mucho. Llegar al Helicoide a las horas de haber salido del Helicoide [para acompañar a los familiares de quienes siguen dentro]… Eso es Vente Venezuela: salir y reconectar con tu país a pesar del riesgo».
Para Meda, esa convicción interna es el motor de la estrategia que Machado lidera ahora desde Estados Unidos. Tras el cambio de tablero que supuso la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, la líder opositora ha entrado en lo que Meda define como un «modo ‘business’».
—¿Qué condiciones deben darse para que María Corina Machado regrese a Venezuela sin riesgo?
—Lo que tiene que pasar es lo que ya está ocurriendo, que es la presión de los propios venezolanos para empujar. No podemos normalizar una estabilización del mismo sistema criminal. Delcy es exactamente lo mismo que Maduro; Jorge Rodríguez es lo mismo que Maduro.
Machado se encuentra actualmente tocando todas las puertas posibles y los centros de poder financiero. Su objetivo es presentar el proyecto de reconstrucción nacional a quien sea necesario: desde gobiernos hasta grandes empresas energéticas interesadas en invertir. Está enfocada en el paso siguiente. «Y así como viste a unas mujeres regresando a las puertas del Helicoide, vas a ver a María Corina regresando», sentencia Meda con firmeza. «Porque ella se debe a la confianza de un país».
